Bienvenidos a mi punto de encuentro conmigo misma, donde dejo volar la imaginación, donde las palabras se reescriben desde lo más profundo de mi Yo, donde mi Ser se expresa con el idioma universal del amor, donde mi mente se desmaya entre versos y frases del corazón... Bienvenidos a mi mundo, al mundo mágico del alma..
Sí,
te pienso, te imagino, te rodeo con mi aroma de cristal que se me
escapa como ráfagas de viento desprendiéndose de mi pecho, para
abrazarte, para recordarte lo que es amar desde mi alma, para coserte
las alas que olvidaste que podían devolverte la libertad de ser tú
mismo, y alcanzarnos siempre, en nuestro vuelo, en el destino, en
dimensiones bellas y también en este tiempo, en este espacio donde
no te tengo, para fusionarnos como juramos en cada uno de nuestros
encuentros, antes de que nos confundiéramos en nuestros abismos.
Y
te hablo, te suplico, y te envío desde mis lágrimas una llamada
anónima de auxilio, y desmayo mis palabras en el latido de mi cuerpo
que se esconde compungido, porque siente, porque se estremece cuando
tu respuesta llega como una luz, que se me cuela en los rincones de
mi consciencia sometida por temores, que me impiden deshacerme del
engaño de pensar que no vale la pena ser estos humanos mortales,
porque sufren, porque anhelan, porque viven emociones que a menudo
nos empujan a sumirnos en tormentos y mendacidades. Mas tu voz, la de
tu esencia divina, me atraviesa el corazón para iluminarme y
desengancharme de este miedo a no lograr nunca contemplarte, de esta
lucha contra la sombra incesante que me acecha para dominarme.
Sé
que no vendrás a rescatarme, no es tu cometido, sé que es mi
fortaleza y mi tenacidad las que me mantienen viva en este enclave, y
te he prometido que aunque vaya contra la corriente, aunque yo sola
me salve, aunque pueda ser una loca más que se disfraza de adaptada
y de valiente, no perderé la autenticidad que me identifica, mas tú
sabes, mi vida, tú lo sabes, tú comprendes que mi llanto ha sido el
alivio que ha sanado mis heridas, que tus ojos han sido el horizonte
hacia el que he volado cada noche, y cada día, que tu sonrisa ha
sido mi cobijo en esos lugares que nadie ha visto, esos donde siempre
reconozco que eres tú quien me acaricia y me mima.
Así
que, no me pidas que no te cuente lo que siento cuando se oscurece
ese diamante que fui en algún universo, que ahora nos espera para
regresar en ese viaje de partida, que todavía no comienza y no
termina, no me ruegues que no llore, no intentes secar con tus besos
gráciles esta tristeza que se mezcla con la dicha de sentirte, aquí
en este instante, permite que te diga que te añoro en mi camino, que
te busco en lo que vivo, que a veces flaqueo y me despierto sin
aliento y sin encontrar sentido a lo que soy, a lo que pido desde esa
carencia irreal que experimento cuando no te percibo.
Y
es que soy humana, soy humana, y siento, y canto, y sueño, y grito,
y lloro, y en ocasiones me lastima el frío que me sobrecoge cuando
no hallo en tus brazos el abrigo que tú me dijiste que compartirías
conmigo...
Una
llamada anónima, un lazo de amor que viaja hacia tu alma, una
palabra que te llena de mi esencia en una telepatía que no entiende
de mensajes de la mente, torpe y recia, una comunicación con el
lenguaje sublime de nuestras dos divinidades envueltas de estos
cuerpos que nos alejan, o nos acercan...
Y
recibi tu respuesta, y me estiré en tus pestañas para dormirme en
tus párpados enamorados del presente, para entregarte mi desdicha en
la mañana siguiente, y así, otorgándonos el placer de la cercanía
de nuestros mundos, de nuestros cuerpos sutiles, decidimos dejar la
espera para reencontrarnos en todas las líneas del tiempo en que
nacimos...
Me
he quitado ya las arrugas que me dejó el ayer, para colgarlas en los
escombros de tus desplantes, ahora ya no te quiero como antes, no te
pienso, no me arraigo a tus besos desafiantes, no me disparo el alma
hacia tus sonsrisas errantes, no quiero, !!no!! no quiero que me
beses, ni que me ames, no busco tus caricias porque me queman y la
piel me arde, me arde, me mata lentamente hasta corromper mi calma
porque me tocas y luego te vuelves cobarde...
No
me abraces, no me digas más que me amas, no me persigas con tus
versos que me duelen, me duelen porque nunca demuestras lo que
ellos sugieren, y me engañas, y me mientes, me descubres tus miedos
para colmarme de tus noches dementes...
¿Qué
es lo que quieres, amante de placeres que te escondes y no reapareces
después de jurarme que me buscaste, que soy tu luz, que realmente
soy lo que siempre anhelaste?
Me
bastaron dos lágrimas para saber que mi amor por ti era perenne, me
bastó tu mirada para reconocerte, y me bastaron sólo tres palabras
para darme cuenta de que me habías engañado y de que no querías
volver a verme...
Y
si la amas a ella ¿por qué luego vienes y me susurras mientras
dormida puedo ser libre de tus absurdas y esquivas verdades
adormecidas?, ¿por qué justificas tu huida con tus temores si con
ella no tienes miedo y luchas a muerte para que ella te elija?
Ya
no me quedan sollozos que regalarle al viento, no me quedan llagas
que puedas curar con tu llegada furtiva, no me quedan llamadas, ni
mensajes, ni noches solitarias sin que me agarres fuerte con tus
brazos mientras contemplo tu mirada clavada en la mía.
Por
eso, amor mío, amor de silencios sombríos, amor de gestos impíos,
no quiero verte, ni tenerte, ni añorarte, ni quererte...
Ahora
vete, vete para que ya no me hieras, vete para que pueda llorar un
poco más y después olvidar que esta historia fue el veneno que me
mostró que no eres digno de que yo te quiera...
Vete,
vete ... pero regresa, vuelve cuando comprendas, cuando tu ser se libere y se
desprenda de tus limitaciones que tantas veces te han causado ofensa, un ataque
hacia ti mismo, hacia tu verdadera esencia... vete, pero regresa,
regresa cuando mi amor sea el latir que te sostenga, cuando sepas de
veras que no hay nada más allá de nuestra quimera, no hay demonios,
ni luchas, ni metas, tan sólo lírica, amor y poemas...
Me
gusta observar tus párpados cuando ocultan tus sueños mientras te
evades de mi mirada, que se se cautiva con tu presencia, porque estás
aquí, a mi lado...
No
sé qué pensamientos te alejan de mí cuando te duermes, ni los que
te acercan, pero sé que siempre estoy contigo, es imposible que mi
alma no te acompañe, pues ella es como un ángel que te abraza
cuando menos te lo esperas...
No
puedo dejar de contemplarte, y de sentirte...
Tu
respiración enciende mi pecho, que ilumina mi deseo de abrazarte, de
fundirme con tu cuerpo, con tu ser, para convertirme en la luz de tu
luna, y una parte de mí, invisible, ya viaja por tu océano, nadando
entre los versos que se escriben en tu corazón durante las horas
nocturnas...
Apenas
amanace y no sé cómo agradecer la bendición de respirarte...
El
sol comienza a iluminar tu rostro, dibujando todas las esquinas de tu
belleza adormecida, y tu pelo, brillante como rayos dorados, se
entrelaza con mis manos, con mis dedos, mientras mis besos se posan
en tu frente, en tus ojos, en tus labios...
Siento
tu caricia en mi mejilla, ya te has despertado...
Y
si me me miras, me desnudas, me estremeces...
Y
lo haces, lo haces tan dulcemente, que tiemblo, tiemblo porque siento
a la vida latiendo fuerte, muy fuerte...
No
sé si esto es un sueño, porque no me perteneces, eres libre, como
el cielo, y sin embargo, en el azul de tu espíritu yo siempre vuelo
como si fuera tu viento...
En
la explosión de tu pasión irreberente se desmayan todos los miedos,
y te devuelvo mi fuego, porque tu llama y la mía se fusionan para
crear un mundo nuevo...
Voy
a dormirme, voy a dejar que me abraces y me protejas, voy a creer en
ti, a confiarte mi alma, porque me reconozco en tus pupilas y he
aprendido a amarme, a entregarme, a aceptarme, a tener fe en la
vida...
En
la mañana, cuando aún es temprano, tras la tormenta de amor que nos
une incluso cuando ya se ha terminado, cierro mis ojos y me cobijo en
tus brazos mientras repito con mi voz en tu boca “te amo”...
Ella
- He dado la bienvenida a mis miedos, los he acogido, los he acunado,
y me hablaron de sus inquietudes, de sus motivaciones, de su afligido
sentir que me invadía por momentos, y ellos, esos temores inciertos
y mensajeros de algunos de mis antepasados, o de tiempos que no son
tiempos, me devolvieron mis abrazos y me sostuvieron, mostrándome
que también soy el viajero que se oculta de todo aquello que
desconoce, que le abruma, incluso cuando se trata de lo más sublime,
porque la felicidad también asusta cuando no se asume.
Y
así, paso a paso, invité a mis tristezas, a mis iras, a mis rabias,
a mis emociones más alteradas, aquellas de las que más huía, a
tomar el té en una tarde de primavera como ésta para, sin hacer
preguntas, me regalaran sus respuestas.
Me
enamoré de sus vidas, de sus historias sentidas, de sus causas más
encubiertas, incluso de sus indolencias, de sus heridas, de su
violencia, de la agresividad del resentir que se amalgamaba en
ellas...
Y
frente a ti, temblando ante tus ojos, abro mis manos, mi pecho y mi
alma, y te presento a mi sombra, parte de mi existencia, parte de lo
que soy, aunque te parezca ruda, fea y desprovista de la tan anhelada
belleza.
Y
si me amas, me debes amar también cuando mi rostro sólo muestra mis
asperezas, cuando mi brillo se apaga y aparecen las emociones a las
que yo llamo densas, ámame sin tabues, ámame con gentileza, ámame
sin que lo humano signifique disminuir ese amor que tanto me
profesas, porque yo soy divinidad pero también soy esta mujer humana
que se siente indefensa.
Mírame
con mis llagas, mírame con mi llanto, con mi miedo, con el
desconsuelo, con mi rendición, con mi esperpento, mírame como soy
al completo, tanto cuando soy casi un ángel, como cuando soy absurda
y grotesca...mírame a los ojos y contesta... ¿me amas, o me
detestas?
Él
– He dado todo de mí siempre que he amado, me he desquiciado, me
he olvidado de mis mentiras y mis verdades, me he enamorado tanto de
lo que anhelaba hallar, que no vi que todo eso estaba
dentro de mí enterrado. Y ahora, ahora me observo y todo parece tan
claro.
Me
preguntas si todavía te amo, me preguntas si te siento en mí, si te
extraño, si me gusta mirarte, si te puedo amar a pesar de lo que
muestras, de tus harapos emocionales, ropajes rotos que tanto
intentamos esconder para no ser rechazados por las temidas
normalidades sociales.
Me
descubrí siendo el sol e iluminé toda mi vida para lograr ser digno
de ser amado, y después supe que no amaría a nadie como se
mereciera si no aprendía realmente a amarme, al desnudo, sin
disfraces, y sin máscaras que disimularan mis terribles malestares,
mis castigados años en la penumbra de la incertidumbre, mis
profundos pesares, e incluso aquellos secretos que aún no había
explorado...
Y
apareciste tú...
Desnuda,
con lágrimas en las manos, dispuesta a darme todo, todo, sin esperar
nada a cambio, y me hablaste de consciencia, de amor elevado, de
besos al alma, de pétalos desenfrenados que volaban audaces a mi
corazón desorbitado, y me preguntaste si te amaba, si sabía cómo
amarte también cuando tu aroma se tornara oscuro y tapara la luz de
la estrella que tanto admiro...
El
amor no distingue estados, no sabe si cumples con los arquetipos
inventados, sólo ama, ama sin barreras, sin tiempos, sin prisas, sin
necesidades, sin explicaciones, sin juicios y sin trabajos
forzados... El amor existe sólo si hasta el miedo se siente también
amado...
Así
que sí, sí mi amor, sí que te amo, porque cuando te miro veo mi
reflejo y hace tiempo que también me amo...
Puedo
darte lo que aprendí a darte, lo que jamás dejaré de ofrecerme, y
lo haré porque cuando te amo, me amo, porque cuando me amo, te amo,
porque cuando me entrego a ti, me lleno de mí, y de ti, y de todo lo
que somos cuando del ego nos olvidamos...
Ella
- Así es como yo te amo, acariciando tu furia cuando te descubres en
el enojo de tus desquicios, de decepciones que todavía no se han
resuelto en el océano de lo que ocultas y emerge cuando menos me lo
espero.
Así
es como yo te amo, en tus secretos jamás revelados, con el respeto
de tus silencios, de esos momentos en los que anhelas sentirte solo,
sin que mi presencia perturbe la inspiración de tu alma que vuela
libre para expresarse de algún maravilloso modo.
Así
es como yo te amo, en la distancia, en la constancia, en el abrazo
tenue que te alcanza cuando proyectas tu miedo sin darte cuenta sobre
mi espalda, porque te veo, te siento, porque te admiro y te
comprendo, porque en tu histora me disuelvo, y en la fusión de
nuestros besos somos la suma de dos completos, somos la dualidad
fundida en nuestros dos cuerpos.
A
ti te escribo, a ti, sueño que se me cuela todavía entre suspiros,
a ti que fuiste sólo un espejismo de lo que mi alma dibujaba y
depositaba en mis anhelos, a ti que fuiste mi maestro sin conocer
apenas lo que crecía y se expandía en mi pecho.
Ahora
sé que sólo fuiste una isla invisible donde sentir un hogar
incierto, ahora sé que amar es mucho más de lo que leía de la vida
y traducía en mi mente cuando aún era tan sólo una chiquilla, una
adulta inmadura, envuelta en la inconsciencia de quien cree que el
amor es el apego, la codicia de tener lo que se ama y atraparlo,
venerarlo, enalzarlo para encarcelarlo en una relación de posesión
con el título de amor eterno.
Y
descubrí gracias a este enorme sentimiento, que no depende de nadie
que yo sienta, que yo viva, que yo sea la felicidad estendida en todo
mi cuerpo, y que, por tanto, que tú me amaras ya no era necesario
para que mi corazón te acogiera sin miedo y sin rechazo.
La
libertad se hizo en mí en un amor que no tenía que ser eterno en el
tiempo, pues las horas presentes eran todo, eran lo único existente,
lo único cierto, y es que en esos idílicos momentos, tú lo eras
todo, infinitamente todo, sin un mañana, sin la certeza de que el
futuro nos abrazara y acompañara en nuestro viaje como dos amantes
entregados al deseo.
No
preguntaría si yo era tu gran amor más intenso, lo sabría, mas
aunque no lo fuera, ¿qué importancia tendría si yo existiera en tu
ahora, en tu presencia, y el ayer no interfiriera nunca en nuestra
vida pues ya no nos acogiéramos a las apariencias?
Mas
no hubo ocasión de un romance, no contigo, aunque de tu mano llegó
ese ramo de rosas bellas cuya fragancia vino a recordarme que soy
capaz de amar a lo grande, incluso cuando la persona amada ni
siquiera se acerque a saludarme.
A
ti te escribo, a ti, a un “tú” que sólo hallé en mis castillos
de ensueño, a un hombre que habita en su dimensión de pensamientos,
que busca lo que es en lugares incorrectos, o quizás no, podría ser
que fuera yo quien errara al inventar un personaje en la ensoñación
de mis recuerdos, y sin embargo, todo eso ya no significa nada, mi
barco zarpó rumbo a otros misterios, y tú quedaste sumergido en lo
que no fue, en lo que amé con todo mi ser, incluso sin querer
reconocerlo...
Por
eso, mi querido amante narrado en algunos de mis cuentos, me despido
sin temor de hacer algo imperfecto, y me dirijo a mi alma, allí,
donde sé que conmigo me reencuentro, y dejo pasar los supuestos
amores que nacen del ego, para ir más allá, y no depender de llenar
mis huecos con tus vacíos ineptos, para ser completa y consciente, y
dedicar mi vida a lo que soy sin repudiar mis miedos.
Gracias
por existir y por estar en mi camino para guiarme hacia mi templo...
Gracias,
mas hoy debo partir para vivir, y volar, para emanar lo que llevo
dentro, porque soy rosa azul que se convierte en delfín, en zafiro y
en universo...
Amor,
no sabes cuánto añoro la calidez de tus manos, sosteniendo a mi
alma, abrazando mis ilusiones, contemplando el amanecer de mis
sueños, elevando hacia los cielos mi existencia renombrada por tu
boca, por tu voz que es la melodía que desviste a mis tristezas, y
me desnuda de mis manías locas...
No
conoces bien la plenitud que tus sonrisas dibujan en mi espíritu,
que goza de esta vida por tantos motivos, aunque sólo hay uno, sí,
sólo uno eterno, uno muy cierto y muy divino, uno perfecto, tu
presencia en mis ayeres, mis ahoras y mis mañanas más esquivos,
porque, entregada a la cascada de tu risa prófuga y bendita, me
vuelvo luna, sol, cielo, vida, y me convierto en universo por estar
en todas partes contigo interminablemente fundida...
Si
al abrir mis ojos en la aurora me envuelves como siempre en ese
"buenos días", me estalla el pecho y de él se me desmayan flores,
estrellas y mil delicias, mieles que sólo tú despiertas y que sólo
tú suscitas...
¿Recuerdas
amor mío cuando en Venecia coincidimos?, allí viajamos por el río
de nuestros deseos, danzamos con la música de nuestros anhelos, nos
bebimos las almas junto con el vino que embriagó a nuestros cuerpos
que sin pudor descubrimos, fusionando así nuestros caminos, y
supimos, sí, ¿recuerdas? allí lo supimos, que el huracán de
nuestros sentimientos vividos, se alojaría por siempre en nuestros
destinos...
Y
es que siempre te supe, siempre te tuve, siempre fui con tus manos el
poema que tu vida escribía, la historia de muchas existencias en las
que fuimos una sola conciencia divina, y ahora, ahora nos damos
cuenta de que tu paso no es diferente de mi sino, tus labios, que
aguardan que los míos se abriguen con ellos y se protejan de las incongruencias
que nos presenta la rutina, pronuncian mis palabras, mi poesía, y
damos gracias a este mundo que nos cobija por permitirnos
entrelazarnos y ser, ser y respirarnos mientras la tinta de nuestro
amor infinito que describe nuestra mirada y nuestra dicha, crea los
versos con la música de nuestras almas ligadas como la noche y el
día...
El
aroma de tus latidos se me clava en la garganta, y mi canción se me
desarma, se reescribe con tus caricias y se moldea con tus alabanzas,
y la resonancia de mi verdad se mezcla y diluye con la tuya, porque
ya eran antes de conocernos una sola partitura, un cuento de
fantasías realizadas y sentidas, un castillo de conexiones etéreas,
de cristales de reberveración pura y de materia creada con el amor,
en este lugar transmitida y reservada sólo para nuestra locura...
Y
por eso te añoro, amor mío, aunque no haya motivo, aunque me cubras
con tu ser por completo mientras me desperezo en las mañanas frías,
porque te vivo en mi pecho, porque te cuido y te beso, porque te amo
y te quiero, porque soy el rayo y la fuente de luz de donde provengo,
y a veces, sí, sólo algunas veces, te quiero tanto, tanto, tanto,
que me olvido de que ya estás conmigo...
Hoy
al despertar, el sol de tu sonrisa ha iluminado mi rostro, bañándolo
de tu dulzura, de tu infinita osadía de amar a esta persona que soy,
esta mujer envuelta en su crisálida, mutando un día y otro,
sedienta de ser esencia pura vestida de humanidad, abrazada mientras
tanto a tu cálida mirada, que me recuerda que la vida junto a tu
presencia es la bendición más sublime que recibo cuando abro mis
ojos cada mañana.
Hoy
al despertar, tu mano ha rociado con su aroma a la piel que recubre a
esta persona que yo encarno, viajando entre mis deseos, dibujando en
ella mis sueños, borrando así todos mis miedos, calmando la
angustia de mis desconciertos, bebiendo después con tus labios las
dudas que todavía en mi ego vivo y siento, y he sabido que amarte es
lo que enciende mi pecho y me eleva hasta alcanzar dimensiones y
espacios que todavía en mis memorias recuerdo.
Hoy
al despertar, mi cabello se ha enredado con tu cuerpo, y atravesando
los muros de mi inconsciencia, has derrotado a los monstruos que
construye mi torpeza, aquellos que se me cuelan por las grietas de lo
que aún no he logrado trascender y superar, y que tú doblegas tan
sólo con rodearme con tus brazos para transmitirme lo que siempre me
susurras, que soy fuerte, que soy Ser, que cualquier barrera que yo
vea no es más que una ilusión que yo misma me impongo cuando temo
progresar.
Hoy
al despertar, se han fundido nuestras almas, nuestros seres, nuestra
divinindad, y mi personaje humano, que te ama, que te ama impune,
voraz, se ha perdido en tu energía vigorosa y ha sentido expandirse
su conciencia hasta lo interminable, lo inalcanzable, lo
indescriptible, para morir en la pasión más celestial y soberana,
amor de encuentros en todos los lugares donde nacemos y no nacemos,
amor de fractales de nuestros seres que en muchos mundos nos
encuentra para volver a despertarnos juntos cada alborada.
Y
es que contigo me elevo, contigo me entiendo, contigo he nacido mil
veces y mil veces he muerto, contigo me hallo y me reconozco en tus
besos, contigo percibo quién soy cuando te observo, contigo me
duermo y contigo, amor eterno que existes siempre en el núcleo de lo
que soy como ser etéreo, contigo, contigo me desnudo de lo que no
soy y me despierto...
No
hallo cómo mostrarte lo que veo desde mis ojos cuando te estoy
mirando, mas hoy, que quiero hacerlo, he buscado en el cielo la
estrella más brillante, pero su luz se fue apagando al acercarse a
tu presencia, pues tu fulgor era tan intenso que ella cerró su
brillo para contemplarte.
¿Qué
puedo regalarte?
Quise
buscar un pedazo de mar, aquel que conservara el reflejo de la luna
llena, ondeando como plateados destellos, sin embargo, tu océano es
tan profundo y bello, es tan increíble el reflejo dorado que
desprende, que ese regalo hubiera resultado pequeño.
¿Qué
puedo regalarte?
Entonces
pensé en las flores, su aroma, su belleza, tal vez fueran para ti
ese detalle especial que anhelaba ofrecerte, sin embargo, tú eres la
flor más destacada del jardín de mi alma, y no hallé ninguna que
tu fragancia igualara.
¿Qué
puedo regalarte?
Tan
sólo puedo darte de nuevo mi abrazo, mi mirada, mi corazón, mi ser,
para lograr cubrirte con lo que deseo que sientas, para conseguir que
tu univeso se funda con todo lo que llevo en mi pecho, aquello que
soy, y que te regalo para que entiendas que mi amor es todo lo que
tengo, y que es eso lo más valioso y más eterno que de mí puedo
entregarte.
¿Qué
puedo regalarte?
Mi
vida, mi compañía, mi mano cálida, mi poesía, mi música, mi
melodía, mis sueños, mi fantasía, mi mejor versión, mis utopías,
mi gran amor, mis alegrías, la historia completa de todas mis vidas,
mi pasión, mis noches encendidas, mi risa, mi danza femenina, mi
ilusión, mi admiración y mi presencia más divina, mi corazón, mi
serenidad y mi sabiduría...
¿Qué
puedo regalarte?
Te
regalo en cada palabra todo un mundo colmado de mi esencia, la cual
en devoción hacia tu ser se ilumina...
Que se clave esa estrella en mi alma y se
derrame su luz por mi cuerpo, que se detenga... y se abra mi
pecho para salvarte, para honrar tu existencia y besarla hasta
emborracharme, que se detenga, y me libere del dolor de tu
ausencia que me adormece y se me cuela por los miedos que me
acechan, que se detenga, que te despierten los ángeles para
que veas, para que el cielo se expanda en tu sonrisa y en tu
mirada, que se detenga, que te abrace mi espíritu completo
en el amor de nuestras dos almas, que se detenga, que en tus
manos se vistan los besos que me consuelan, los que seducen a
mi boca, los que me hablan y vuelan y con tu lengua me tocan,
que se detenga, para colmarte de abrazos que a la vida me
devuelvan, porque sin ti, sueño escondido, soy sólo un verso
vacío sintiendo cómo me quiebra cada palabra, cada
sonido, cada te quiero perdido; que se detenga, para amarte
eternamente, aun dormida en tu recuerdo no forjado, no
encontrado, aun sedienta de tus ojos, deteniendo el
tiempo cuando al mirarlos los atrapo...