Bienvenidos a mi punto de encuentro conmigo misma, donde dejo volar la imaginación, donde las palabras se reescriben desde lo más profundo de mi Yo, donde mi Ser se expresa con el idioma universal del amor, donde mi mente se desmaya entre versos y frases del corazón... Bienvenidos a mi mundo, al mundo mágico del alma..
No
estoy inspirada, tal vez porque hoy no he visto mi reflejo en tus
pupilas, o porque la brisa del verano se me escapa y de nuevo tú te
alejas con el suspiro de mi alma compungida, derramada en lágrimas
por la tristeza que se me cuela entre sus grietas escondidas, que
todavía subyacen dentro de mí dolientes como profundas heridas.
No
estoy inspirada, y los árboles cantan para que sonría, las nubes
danzan dibujando tu cuerpo y el mío, unidos, envueltos en el azul
que decora su escenario, y el pequeño viento silva nuestra música
para que te sienta conmigo sin que eso me duela, para que te recuerde
toda mi vida.
No
estoy inspirada, la poesía se ha dormido en tus manos y se ha
escapado contigo, para viajar en tu pecho tranquilo y cubrirte de
besos, de caricias, porque ella es parte de mí misma, y tú sabes
que, si te alejas, esa parte de mí se pierde en tu horizonte para
amarte mientras yo no te alcance y no te siga.
No
estoy inspirada, lo lamento, mi querida musa, no vengas a buscarme,
que hoy me siento confusa, perdida, y tu belleza hoy es sólo una
intrusa que me castiga, que me devuelve al recuerdo de su ausencia, y
me lastima, por eso, ves a reunirte con él, para que me escriba
poemas, para que la magia se enrede en sus sueños en ese mundo
onírico y se acuerde de que yo sigo aquí, viviendo sin su sonrisa.
No
estoy inspirada, tal vez porque hoy no me he fundido en tus labios, o
porque el otoño me avisa de que se acaban los días en los que
esperaba tu regreso, y ahora, vestida de tu dulce sabor eterno, sólo
confío, confío en que el universo nos acompañe y nos descubra por
fin el uno al otro, entre estrofas de líricas palabras y melodías
de amor perpetuo...
Ella
- He dado la bienvenida a mis miedos, los he acogido, los he acunado,
y me hablaron de sus inquietudes, de sus motivaciones, de su afligido
sentir que me invadía por momentos, y ellos, esos temores inciertos
y mensajeros de algunos de mis antepasados, o de tiempos que no son
tiempos, me devolvieron mis abrazos y me sostuvieron, mostrándome
que también soy el viajero que se oculta de todo aquello que
desconoce, que le abruma, incluso cuando se trata de lo más sublime,
porque la felicidad también asusta cuando no se asume.
Y
así, paso a paso, invité a mis tristezas, a mis iras, a mis rabias,
a mis emociones más alteradas, aquellas de las que más huía, a
tomar el té en una tarde de primavera como ésta para, sin hacer
preguntas, me regalaran sus respuestas.
Me
enamoré de sus vidas, de sus historias sentidas, de sus causas más
encubiertas, incluso de sus indolencias, de sus heridas, de su
violencia, de la agresividad del resentir que se amalgamaba en
ellas...
Y
frente a ti, temblando ante tus ojos, abro mis manos, mi pecho y mi
alma, y te presento a mi sombra, parte de mi existencia, parte de lo
que soy, aunque te parezca ruda, fea y desprovista de la tan anhelada
belleza.
Y
si me amas, me debes amar también cuando mi rostro sólo muestra mis
asperezas, cuando mi brillo se apaga y aparecen las emociones a las
que yo llamo densas, ámame sin tabues, ámame con gentileza, ámame
sin que lo humano signifique disminuir ese amor que tanto me
profesas, porque yo soy divinidad pero también soy esta mujer humana
que se siente indefensa.
Mírame
con mis llagas, mírame con mi llanto, con mi miedo, con el
desconsuelo, con mi rendición, con mi esperpento, mírame como soy
al completo, tanto cuando soy casi un ángel, como cuando soy absurda
y grotesca...mírame a los ojos y contesta... ¿me amas, o me
detestas?
Él
– He dado todo de mí siempre que he amado, me he desquiciado, me
he olvidado de mis mentiras y mis verdades, me he enamorado tanto de
lo que anhelaba hallar, que no vi que todo eso estaba
dentro de mí enterrado. Y ahora, ahora me observo y todo parece tan
claro.
Me
preguntas si todavía te amo, me preguntas si te siento en mí, si te
extraño, si me gusta mirarte, si te puedo amar a pesar de lo que
muestras, de tus harapos emocionales, ropajes rotos que tanto
intentamos esconder para no ser rechazados por las temidas
normalidades sociales.
Me
descubrí siendo el sol e iluminé toda mi vida para lograr ser digno
de ser amado, y después supe que no amaría a nadie como se
mereciera si no aprendía realmente a amarme, al desnudo, sin
disfraces, y sin máscaras que disimularan mis terribles malestares,
mis castigados años en la penumbra de la incertidumbre, mis
profundos pesares, e incluso aquellos secretos que aún no había
explorado...
Y
apareciste tú...
Desnuda,
con lágrimas en las manos, dispuesta a darme todo, todo, sin esperar
nada a cambio, y me hablaste de consciencia, de amor elevado, de
besos al alma, de pétalos desenfrenados que volaban audaces a mi
corazón desorbitado, y me preguntaste si te amaba, si sabía cómo
amarte también cuando tu aroma se tornara oscuro y tapara la luz de
la estrella que tanto admiro...
El
amor no distingue estados, no sabe si cumples con los arquetipos
inventados, sólo ama, ama sin barreras, sin tiempos, sin prisas, sin
necesidades, sin explicaciones, sin juicios y sin trabajos
forzados... El amor existe sólo si hasta el miedo se siente también
amado...
Así
que sí, sí mi amor, sí que te amo, porque cuando te miro veo mi
reflejo y hace tiempo que también me amo...
Puedo
darte lo que aprendí a darte, lo que jamás dejaré de ofrecerme, y
lo haré porque cuando te amo, me amo, porque cuando me amo, te amo,
porque cuando me entrego a ti, me lleno de mí, y de ti, y de todo lo
que somos cuando del ego nos olvidamos...
Ella
- Así es como yo te amo, acariciando tu furia cuando te descubres en
el enojo de tus desquicios, de decepciones que todavía no se han
resuelto en el océano de lo que ocultas y emerge cuando menos me lo
espero.
Así
es como yo te amo, en tus secretos jamás revelados, con el respeto
de tus silencios, de esos momentos en los que anhelas sentirte solo,
sin que mi presencia perturbe la inspiración de tu alma que vuela
libre para expresarse de algún maravilloso modo.
Así
es como yo te amo, en la distancia, en la constancia, en el abrazo
tenue que te alcanza cuando proyectas tu miedo sin darte cuenta sobre
mi espalda, porque te veo, te siento, porque te admiro y te
comprendo, porque en tu histora me disuelvo, y en la fusión de
nuestros besos somos la suma de dos completos, somos la dualidad
fundida en nuestros dos cuerpos.
A
ti te escribo, a ti, sueño que se me cuela todavía entre suspiros,
a ti que fuiste sólo un espejismo de lo que mi alma dibujaba y
depositaba en mis anhelos, a ti que fuiste mi maestro sin conocer
apenas lo que crecía y se expandía en mi pecho.
Ahora
sé que sólo fuiste una isla invisible donde sentir un hogar
incierto, ahora sé que amar es mucho más de lo que leía de la vida
y traducía en mi mente cuando aún era tan sólo una chiquilla, una
adulta inmadura, envuelta en la inconsciencia de quien cree que el
amor es el apego, la codicia de tener lo que se ama y atraparlo,
venerarlo, enalzarlo para encarcelarlo en una relación de posesión
con el título de amor eterno.
Y
descubrí gracias a este enorme sentimiento, que no depende de nadie
que yo sienta, que yo viva, que yo sea la felicidad estendida en todo
mi cuerpo, y que, por tanto, que tú me amaras ya no era necesario
para que mi corazón te acogiera sin miedo y sin rechazo.
La
libertad se hizo en mí en un amor que no tenía que ser eterno en el
tiempo, pues las horas presentes eran todo, eran lo único existente,
lo único cierto, y es que en esos idílicos momentos, tú lo eras
todo, infinitamente todo, sin un mañana, sin la certeza de que el
futuro nos abrazara y acompañara en nuestro viaje como dos amantes
entregados al deseo.
No
preguntaría si yo era tu gran amor más intenso, lo sabría, mas
aunque no lo fuera, ¿qué importancia tendría si yo existiera en tu
ahora, en tu presencia, y el ayer no interfiriera nunca en nuestra
vida pues ya no nos acogiéramos a las apariencias?
Mas
no hubo ocasión de un romance, no contigo, aunque de tu mano llegó
ese ramo de rosas bellas cuya fragancia vino a recordarme que soy
capaz de amar a lo grande, incluso cuando la persona amada ni
siquiera se acerque a saludarme.
A
ti te escribo, a ti, a un “tú” que sólo hallé en mis castillos
de ensueño, a un hombre que habita en su dimensión de pensamientos,
que busca lo que es en lugares incorrectos, o quizás no, podría ser
que fuera yo quien errara al inventar un personaje en la ensoñación
de mis recuerdos, y sin embargo, todo eso ya no significa nada, mi
barco zarpó rumbo a otros misterios, y tú quedaste sumergido en lo
que no fue, en lo que amé con todo mi ser, incluso sin querer
reconocerlo...
Por
eso, mi querido amante narrado en algunos de mis cuentos, me despido
sin temor de hacer algo imperfecto, y me dirijo a mi alma, allí,
donde sé que conmigo me reencuentro, y dejo pasar los supuestos
amores que nacen del ego, para ir más allá, y no depender de llenar
mis huecos con tus vacíos ineptos, para ser completa y consciente, y
dedicar mi vida a lo que soy sin repudiar mis miedos.
Gracias
por existir y por estar en mi camino para guiarme hacia mi templo...
Gracias,
mas hoy debo partir para vivir, y volar, para emanar lo que llevo
dentro, porque soy rosa azul que se convierte en delfín, en zafiro y
en universo...
Respira,
siente la brisa del viento suave, te habla, recita entre susurros tu
nombre, te eleva y te encuentra, te ama y te alimenta, te besa y te
danza, te canta y te envuelve para que entiendas que eres mucho más
de lo que piensas...
Pisa
fuerte la tierra, ancla tu fuerza en ella, tus raíces, tu entereza,
y siente su amor recorrer tus venas, ascendiendo siempre por tus
piernas, que son el tronco del árbol que te sustenta...
La
savia es la sangre que te convierte en la materia orgánica que vive
y que en el subsuelo se adentra, para ser valiente y elevarte por
encima de las nubes, con tus ramas que acarician robustas a las
libres aves que se acercan y que a tu encanto sucumben...
Eres
como un árbol, sí, un árbol que crece y que aguanta todas las
tormentas, que sabe quién es y cuál es su misión allí donde se
encuentra, un árbol que se mece con sus silencios, cubierto de hojas
verdes que son sus múltiples sueños, sus vivencias, sus recuerdos,
sus mañanas, sus historias y sus poemas, sus creencias y sus
dolencias, sus alegrías y sus torpezas, enredadas y envueltas en la
gran sabiduría que lo dignifica y lo encauza hacia sus metas más
sublimes y más ciertas...
Y
esas hojas, que nacen en sus ramas, maduran cuando acaban su función,
siguiendo fases, procesos, momentos, paradigmas que se dispersan a
través de todas ellas, y tras su ciclo ya completado, el árbol
simplemente suelta, y se desapega, para dar paso a algo nuevo, algo
que le devolverá la jovial dulzura del nacimiento de lo que
sustituye a su antiguo aspecto, por otro que se alza desde un nuevo
fundamento, más elaborado y a la vez más natural y más sincero,
más fusionado con lo que suena como música en una obra divina,
actualizada, mas insólita y entregada a una nueva forma de vida...
Eres
un árbol, de recias raíces, de ramas que alcanzan lo más celestial
y lo más increíble, de hojas que son sutiles gotas de sabor a lo
que son los aprendices, que sueñan con descubrirse, con amar lo que
son sin juzgarse, con ser lo mejor que puedan ser y dejar de
arrepentirse de lo que fueron, porque siempre fueron semillas que
brotan para expandirse...
Eres
un árbol perfecto, que nada envidia, que nada codicia, que todo lo
tiene, pues todo lo que él es brilla y se enciende con cada mañana,
con cada luna, con cada estación, pues se adapta con firmeza y con
osadía, con cada principio y cada final, sin temor a ser lo que es,
creando vida, creando la fresca sombra para quien la necesita y en
ella se cobija, creando luces entre esbozos de un mundo que respira
a través de su existencia, emanada para otros y para sí mismo, en
una simbiosis con la conciencia de un todo que nos magnifica...
Eres
un árbol que no entiende de guerras, de dualidades, de hipocresías,
de enfrentamientos, de mentiras o de burlas hacia las otras
existencias que en este planeta habitan, un árbol que no hiere, ni
ataca, que sólo es y emana su fragancia, su esencia, con respeto al
todo al que pertenece sin ostentar dominar, ni ultrajar lo más
sagrado que es él mismo reflejado en todas las otras vidas...
Eres
tan sencillo como eso, eres un árbol que besa el cielo y la tierra,
un árbol que se respeta y que es pura coherencia exquisita aunque
pase desapercibida...
A
ti, que te encontré en un mar de dudas y desconciertos, a ti que me
encontraste sin ni siquiera saberlo, a ti voy a dedicarte estas
palabras de agradecimiento, mas primero te explicaré mi historia
como si fuera un cuento.
Navegando
a oscuras en mi océano, buscando la luz que iluminara mi trayecto,
me perdí entre teorías y experimentos, entre olas de miedo y de
dolor por la incomprensión de aquel momento.
Y
vi mil faros apagados que no consolaban mi desaliento, marineros que
se vestían de sueños, capitanes que se mezclaban con mis anhelos,
mas tú siempre brillabas en mi alma, como el único y leal compañero
con el que algún día me habría de cruzar y componer juntos un
verso.
Era
el fulgor de tu mirada eterna, acaecida en un lugar de misterios, el
que me alimentaba el corazón, el que me otorgaba la fuerza en mi
lucha por sobrevivir, en mi transformación, en mi
autodescubrimiento, en mi reencuentro conmigo misma para ser feliz,
porque me mostraste quién era yo envolviéndome con todo tu amor
inmenso, aunque todo ocurriera en lugares similares al cielo.
Y
me salvaste tantas veces de sucumbir, de resbalar entre mis lágrimas
y morir en los brazos de mis temores, envuelta en brumas, en sombras
y desdichas, en el exhausto tránsito hacia el edén, hacia el lugar
sagrado que en mi interior se esconde.
Mas
el faro que alumbró tu llegada tan sólo anunció tu existencia como
si fueras una estrella fugaz que se dibujaba en la nada, avivando los
latidos de mi corazón que al mirarte palpitaban, se aceleraban, se
enloquecían y elevaban como el canto de un ángel que se estremecía
y se enamoraba.
¿Quién
eres tú? - pregunté pensando en ti a mi amigo el viento.
Mas
las voces que bailaban en el aire me decían que ya conocía esa
respuesta aunque no la aceptara, aunque no la creyera, porque era lo
más duro y más incierto que había hallado en mi camino imperfecto,
creado con los retales de lo que aprendía de mi descontento.
Y
rechacé mil veces lo que mi alma proclamaba para evitar que el
corazón se me apagara...
Ya
pasó mi barco ante tu elegante navío, vi el talante de tu sonrisa y
de tu condición humana, y si he de ser amor en estado puro, si he de
ser pasión eterna sin condición ni hastío, amaré por siempre
aquel momento en el que el saludo de tu brillo se mezcló con el mío,
y si he decirte algo en este momento en el que me alejo para seguir
mi camino, es que agradezco lo que aprendí cuando tu alma se entregó
a la mía sin que pudieras percatarlo, es que añoro que
comprendieras que nada ocurre por nada, que todo forma parte de un
destino, así como entendí que yo no soy tu faro, ni soy tu anhelo
aliviado en tu mundo creado para vivir aventuras que se visten de
amor y de cobijo.
Agradezco
que un día las ráfagas del viento esquivo, te trajeran hasta mis
ojos para comprobar que estás vivo, que eres feliz y que yo lo
admiro, aunque lamente que tu vida siga un rumbo que no se compartirá
con el que yo sigo.
Me
voy, me retiro, deseo navegar por el mar de los que osan ir más allá
de lo conocido, te espero sin esperarte, por si algún día quieres
compartir este viaje conmigo...
Y
mientras tanto, sólo puedo decirte que deseo que sigas haciendo tu
sino, que lo construyas con tus sueños, con tu alma al completo, con
tu luz, con la pureza que aún siento escondida en tu cofre de
secretos encerrados y perdidos...y que ames, que ames mucho, tanto
como yo puedo amarte sin que eso me dañe o me arañe el pecho como
antes lo hizo, porque gracias a haberte conocido y sentido, hoy sé
amar sin condiciones, porque soy más yo tras soltar el lastre que me
mostraste al ser mi reflejo más exhaustivo, y deseo que sigas
adelante, y que te enamores, y que te alegres, y que te inspires, y
que me perdones si un día me recuerdas y yo me oculto en el
olvido...
Nacer,
crecer, conocerte, comenzar a mirarte, tratar de encajar, buscarte,
tener la osadía de intentar involucrarte, beberte las lágrimas para
ser valiente, superviviente, mostrar tus heridas para enorgullecerte,
tentarte, sangrar en lo más profundo de tu alma constante, calmarte,
gritar, callarte, tratar de encontrar quien te entienda y te
acompañe, observarte en el espejo y rechazarte, despreciarte por
sentirte diferente, repudiarte, envidiar la normalidad de las otras
gentes, el amor que no tienes, los abrazos que otros sienten y les
sostienen...
Y
creer que eres una demente, que en este mundo nadie te comprende, que
algo falla en ti, que no eres corriente, y sumergirte en tu dolor y
querer escaparte, que el tiempo se detenga mientras lloras por ser
demasiado sensible, sin que eso sea importante, sin que eso sea
tangible...
Desmayarte
en tus enojos, en tus miedos incoherentes, en las caídas y en los
vaivenes, en las nostalgias y en los quehaceres que no te interesan,
intentando ser lo que no eres, para así agradar a quien te quiere, y
a quienes muestran lo que debes ser, no lo que ahí en ti, ahí
adentro, en tu universo, en tu corazón que late fuertemente, que
palpita sin dejar de sentir...
¿Y
tu pasíón? Tu pasión se muere, se muere arrastrándose buscando
una salida que la libere...
Y
entonces, entonces te rindes y te suspendes, te entregas a lo que más
quieres, y escribes, y sueñas, y tu voz emerge de lo más hondo de
tu garganta, conectada a tu alma, a tu esencia, a tu infinita luz que
con el todo te conecta, y te hace sentir en una nada que te alimenta,
que te envuelve en su silencio que te acrecenta, que te lleva a ser
la mejor versión de lo que eras, porque por fin empiezas, sí
empiezas a vivir, a ser tú, a no dejar que tus diferencias te hagan
inferior, ni que esa sensación te entorpezca...
Y
te dices viéndote al espejo:
Soy
distinta, soy eterna, soy mi esencia latiendo osada para ser lo que
vine a ser sin temores ni incertezas, y si tropiezo, me levanto, y se
debo sufrir no me detengo ante el dolor porque me alienta a seguir
siendo, sintiendo, porque soy alma de fuerza completa, soy furia, soy
viento, soy mar y soy música que ante todo es y existe por su
cuenta.
No
soy muy común, mas soy como todos, no soy especial, mas soy
diferente de algún modo, no soy débil, pero soy frágil, no soy
sabia, pero tampoco ignorante, no soy inconsciente, porque trato de
alcanzar a la gran consciencia, no tengo el amor de alguien que me
comprenda, mas soy amor en mí y puedo amar sin sentir vergüenza,
pues dejé atrás mis disfraces para ser pura en esencia, y desde
ahí, desde mi coherencia, aquel a quien amo es amado por mí en su
presencia, o en su ausencia, en su vida aquí o en otra dimensión
aunque se desvanezca, porque no sé vivir sin amar, no sé soñar si
no amo, no sé escribir si no siento, no sé encajar y no lo hago,
sólo soy un ser extraño caminando solo por amor, y por amor
creando...
Dedicada a mi amigo Juan Alejo Estevez, por su sencillez, por su alma, por su humildad, por su amistad...
REFLEJO... Y su alma lloraba lo que su boca callaba, y su corazón soñaba, lo que su mente, cautiva de ideales imposibles, dibujaba entre horizontes y albas...
Y su pecho brillaba como una estrella con colores relucientes y sutiles, su destreza entre sus manos era huella de poesía y de amor impredecibles...
Y en su canto silencioso se entregaba a los miedos que con fuego se encendían para clavarse en su destino caprichoso, como lanza, como flecha, como daga...
Caballero noble que se viste de lacayo, que se aventura al mundo firme enamorado del amor, herido, triste, con poemas bellos impresos en su sayo...
Siembra bondad y se diluye en su cobijo, yermo de sus sueños, mas valiente, proclamando sus letras como entresijos que nacen de su alma oculta y obediente...
Es vebo y es eterno, fulgor secreto, sólo su esencia sabe cuánto ha sufrido en la batalla de esta vida de esperpento, mas de bondad y de ternura él es ungido...
Y su alma lloraba lo que su boca callaba, y su corazón soñaba y sentía en el presente aquellas momentos que creía irrepetibles en el lánguido latir de su esperanza...
Y su pecho brillaba como una estrella, otorgando estrofas hacia almas afines, sigiloso amor hacia mujeres bellas, aguardando a su ella en cielos sin confines...
Y mientras espera, escribe... amante escriba de versos de trobador que se expresa y que concibe poemas cubiertos de albor...