Bienvenidos a mi punto de encuentro conmigo misma, donde dejo volar la imaginación, donde las palabras se reescriben desde lo más profundo de mi Yo, donde mi Ser se expresa con el idioma universal del amor, donde mi mente se desmaya entre versos y frases del corazón... Bienvenidos a mi mundo, al mundo mágico del alma..
Estás
en mi septiembre, en todos mis septiembres, en el otoño nostálgico,
en cada hoja que cae y se derrama sobre el pasado.
Estás
en mi presente, aunque se convierta en futuro , o en el pretérito
que añoramos, estás en cada paso, en cada gesto, en cada suspiro
que con tu nombre viste mi aire, naciendo desde mi pecho.
Estás
en mi mirada, y en lo que observo, en los ojos de la vida, en el
cuerpo del amor, y en la belleza de las almas que aman sin tener
prisa.
Estás
en mi verdad, en lo que soy tras este atuendo que cubre mi cuerpo
real, el de la inmensidad en la que tú existes como parte de mi
totalidad.
Estás
en esa danza entre la luz y la oscuridad, en el festejo de los
jóvenes que se enamoran y se entregan a la libertad, en la pasión
del escritor hacia la escritura, del poeta hacia la poesía, de todo
artista hacia el arte, la pasión de los amantes, y en la expresión
de la alegría y de la felicidad.
Estás
en la magia de lo efímero cuando se torna eternidad, estás en mi
sonrisa, y en las lágrimas que derramo cuando pienso que no estás.
Y
cada mes de septiembre te recuerdo, como si fueras del ayer, mas no
perteneces a ningún lugar, y ahora por fin comprendo que siempre
estuviste, que no existe el tiempo, que eres en mí, que yo soy el
recuerdo que se asoma en el misterio de nuestra realidad, que vivo
en tus sueños cuando te olvidas de mí, o de ti, porque es
imposible no vernos, no amarnos, no anhelar que en algún instante
pequeño, de esos en los que se apaga el mundo y el telón esconde el
teatro que no cesa de girar, logremos despegarnos de nuestros cuerpos
y salir navegando con el alma para abrazarnos en nuestro precioso
hogar.
Estás
en mi septiembre, y mi septiembre es un infinito enclave que, con
aroma a beso, a fragancia que canta la melodía que te arropa en tu
lecho, te abraza mientras dormido o despierto, me llamas para
poderme localizar...
Y
en algún punto, en alguna estrella, en algún lugar, ese septiembre
es tuyo y mío y de nadie más.
Me buscas en incontables recuerdos que se disipan en tu memoria, cuentos que nunca fueron, o que se olvidaron en otras existencias ya vividas...
Intentas darme un nombre, un personaje, una imagen de mujer que sea como siempre imaginaste que sería, algo así como tu alma gemela, tu estrella, mas no te das cuenta de que eso me hace demasiado pequeña.
¿Quieres saber quién soy? Te lo explicaré para que al contemplarte a ti mismo, desde dentro de tu más interna esencia, la más oculta y la que menos encuentras, me comprendas y me sientas, porque vivo en ti, y hasta que no lo asimiles y lo integres, hasta que no lo entiendas, no sabrás quién eres, ni qué es aquello que te rodea...
No soy lo que dibujas superficialmente, no soy lo que te inventas, no coincido con ninguna de tus absurdas ideas, soy más que eso, pero menos de lo que tú esperas desde tu limitada conciencia, atrapada en una percepción ínfima y escueta...
Sólo soy, lo demás Es y se manifiesta porque ya Es, en mí, en ti, en todo...
Desanudando el laberinto de mi mente, me hallo sublime, perenne, no necesito nada, pero disfruto de la abundancia que desde dentro de mí se manifiesta como magia...
Si te observo, puedo verte a través de tu mirada, escucharte atravesando tus palabras, amarte desnudándote de tu falsedad y abrazando a tu alma...
Pero no me pidas que crea tus historias, sólo creo en la existencia que reina en mi mundo de los sueños, y que crea, crea y se regodea entre las maravillas que se erigen para regalarme una realidad hermosa, bella, ajustada a lo que mi corazón desvela...
No creeré en tus historias, pero sí en ti, para crearte, para que existas en mi mundo, en mi esfera...
Soy lo que soy, un todo que abarca la nada, un camino sin principio, una huella eterna y efímera, un beso que besa a la vida, una fuente inagotable de energía que Es, que brota incesante, que fluye colmada de amor , puesto que es amor lo que palpita y pulsa en cada gota que la habita...
Sólo Soy en un ahora que durará un siempre que nunca tuvo un pasado, ni un futuro, ni un presente...
Soy tu latido que, como música, dentro y fuera de ti resuena...
Cuando
la cálida fragancia de tu mirada se durmió en mi lecho, todas las
músicas se desvistieron de los desencantos, todas se abrazaron y se
fundieron en las esquinas de los verbos de nuestras canciones más
sublimes y más divinas.
Y sin
pensamiento, sin idea, sin la influencia del personaje que siempre me
lastima, te besé en la bruma de tus misterios y de tus caídas, te
acuné en las heridas que se sanaban desde tus miedos y tus mentiras,
te amé con el amor, no con el temor que solía engañarme y
encarcelarme el alma al intentar controlar cada paso que mi cuerpo
daba en el camino de la vida. Te deseé en mí como se anhelan la
felicidad y la dicha, sin percatarme de que eras yo misma, porque en
mi pecho latías, existías, como el agua en el río, como la ola en
la playa, como el viento que mueve las hojas del árbol en una tarde
de primavera callada.
En mi
canción tú eras ya la melodía, eras la inspiración, y el suave
resplandor que brotaba en cada nota que mi corazon componía, eras la
belleza del piano, la elegancia del sonido que los violines
desprendían , eras la voz del espíritu resonando en mi boca, donde
tu nombre se escondía y a la vez resurgía para volar en mi canto,
como ave que agita sus alas en el cielo de mi esencia más pura, que
te adora y que te ama incluso en la limitación de este cuerpo que
envejece y que siente el amor de una forma a veces equivocada por
miedo a sucumbir a la locura.
Y
cantaba con tu voz, mientras tú me hablabas con la mía...
Eres
ahora ese dulce canto que nace de mi alma y que desenvoca en tus
pupilas...
Y entre la brisa del mar y las olas de tu mirada, se desmayó mi sonrisa entre tus brazos y la marea de tu amor inundó toda mi alma...
Y me bañé dichosa en tus suspiros de agua cristalina, me posé en la calma de tu mar azul de gotas divinas, me dormí en tus latidos de arena y sal mientras se enamoraban tu vida y mi vida.
Y naufragué en tus pupilas...
Hay olas en esos ojos que me bautizan con cada mirada, hay océanos, lluvia y viento, navíos de pasión que se adentran en mi esperanza y la despiertan.
Hay oleaje marino, veranos de aventura, inviernos de locura, otoños de nostalgia, primaveras de flores de cristal que nacen desde tu boca hacia la mía.
Hay versos de burbujas en tus palabras, ciudades de fantasía en tus historias jamás contadas, dibujos de sirenas que me cantan desde tu corazón en forma de poesía, veleros que me transportan hacia tu mundo interior, profundo, cubierto de mis besos, envuelto de mi alma, de mi cuerpo, de mis sonrisas.
Y entre la brisa del mar y las olas de tu mirada, se me cayó la última lágrima, porque tú me colmaste de alegría.
Y me desnudé de apariencias para vestirme de amor diamantino, me quedé en tu regazo para escuchar tu respiración en ese ritmo de música celestial, canto de espíritus libres que se aman navegando por el destino...
No sé cómo amarte, sin tenerte, sin tocarte, sin el cálido gesto de tu boca leyendo los versos de mi ser en calma, enlazado a mis ojos, a mis latidos, encendiendo en mi corazón la eterna llama.
No sé cómo amarte si tú no sabes cuánto puedo hacerlo, ni de qué forma, ni conoces mi manera de besarte, ni has bebido del aroma de mis deseos, de mi sueños, ni te has percatado de quién soy más allá de mi cuerpo.
Y es que tus pasos se alejaron de mis torpes anhelos, abrazando al amor en un mundo que yo no alcanzo, un lugar al que no pertenezco.
No sé cómo amarte, sólo sé que sin el alma no puedo, porque es ella la que me empuja a regalarte mis verdades, transparentes, susurrantes en las noches en las que todavía me sientes, a tu lado, vigilando tu alegría, para que no se marche.
Mas he fracasado, te enfrascaste en el dolor y el sufrimiento, mientras yo sólo ansiaba quererte, buscando una forma de recuperarte..
Ahora no hay confusión alguna, no hay un modo de sentirte en mi esencia surcando mi cielo con tus bellas alas en esta pugna de misterios inconclusos, y para no llorar y trascender tu olvido, tu ego difuso, me quedo descansando en la luna de nuestras miradas, deshilachando nuestro destino, en las estrellas que alumbran nuestro amor inmenso, un amor jamás vencido.
Sólo puedo amarte amando con la pureza de mi alma, poco tal vez para ti,para tu mente enojada, mas es todo lo que soy, todo lo que tengo, te amo porque te llevo dentro, te amo porque no conozco, ni quiero entender, la fórmula para no hacerlo, te amo porque nací amándote aunque no me lleves en tu pensamiento.
Y cuando tus ojos se posaron en los míos, mi luna se desdibujó y un
eclipse provocado por tu luz absorvió todos los miedos que siempre había
guardado en el cofre de la desesperanza...
Ahora que anochece y que mi corazón se agita, que te busca incesante para abrazarte y dormirme escuchando cómo respiras, notando cómo tu cuerpo me cobija, sé que estás ahí,
que siempre has estado, que nada puede separar de mi espíritu tu esencia,
porque éste desprende tu aroma, porque tú emanas mi fragancia, porque
mis besos llevan tu nombre, porque mis manos sólo acarician tu piel,
porque mi cuerpo sólo se funde en el
tuyo, porque en mi cielo brillan todas las estrellas para ti, para
iluminarte, para que sonrías...
Y es que tu sonrisa es el paraíso de mis
sueños, tu voz es la suave brisa que cautiva al canto de mis melodías
no nacidas, pendientes de vestirse de tu calma, para convertirse en
música interpretada por tu alma, por tu presencia divina...
Siendo sólo humanos, percibo la suavidad de tus alas que se posan lentamente sobre las mías, porque este amor se desata de lo mundano, y nos convierte en dos ángeles que se aman en el infinito universo donde amarnos es lo más sagrado...
Si
intentara definir cuánto te amo, o de qué manera lo hago, sólo podría decir que
amarte es la vida misma, eterna, amarte es vivirla, amarte es sentir que la
magia es mucho más sublime cuando tú la miras, amarte es estar desnuda y
no sentir pudor porque ante ti no necesito estar vestida, ni de
atuendos que me escondan, ni de vestidos que te engañen, yo soy tu
belleza y tu verdad despierta y tranquila, soy tu poesía, tu latido
perpetuo, tu vida en mi vida...
Así que, eclipsa mis sombras, te lo ruego, así como tú lo haces, sólo con tu mirada perdida en la mía...
Ella
- He dado la bienvenida a mis miedos, los he acogido, los he acunado,
y me hablaron de sus inquietudes, de sus motivaciones, de su afligido
sentir que me invadía por momentos, y ellos, esos temores inciertos
y mensajeros de algunos de mis antepasados, o de tiempos que no son
tiempos, me devolvieron mis abrazos y me sostuvieron, mostrándome
que también soy el viajero que se oculta de todo aquello que
desconoce, que le abruma, incluso cuando se trata de lo más sublime,
porque la felicidad también asusta cuando no se asume.
Y
así, paso a paso, invité a mis tristezas, a mis iras, a mis rabias,
a mis emociones más alteradas, aquellas de las que más huía, a
tomar el té en una tarde de primavera como ésta para, sin hacer
preguntas, me regalaran sus respuestas.
Me
enamoré de sus vidas, de sus historias sentidas, de sus causas más
encubiertas, incluso de sus indolencias, de sus heridas, de su
violencia, de la agresividad del resentir que se amalgamaba en
ellas...
Y
frente a ti, temblando ante tus ojos, abro mis manos, mi pecho y mi
alma, y te presento a mi sombra, parte de mi existencia, parte de lo
que soy, aunque te parezca ruda, fea y desprovista de la tan anhelada
belleza.
Y
si me amas, me debes amar también cuando mi rostro sólo muestra mis
asperezas, cuando mi brillo se apaga y aparecen las emociones a las
que yo llamo densas, ámame sin tabues, ámame con gentileza, ámame
sin que lo humano signifique disminuir ese amor que tanto me
profesas, porque yo soy divinidad pero también soy esta mujer humana
que se siente indefensa.
Mírame
con mis llagas, mírame con mi llanto, con mi miedo, con el
desconsuelo, con mi rendición, con mi esperpento, mírame como soy
al completo, tanto cuando soy casi un ángel, como cuando soy absurda
y grotesca...mírame a los ojos y contesta... ¿me amas, o me
detestas?
Él
– He dado todo de mí siempre que he amado, me he desquiciado, me
he olvidado de mis mentiras y mis verdades, me he enamorado tanto de
lo que anhelaba hallar, que no vi que todo eso estaba
dentro de mí enterrado. Y ahora, ahora me observo y todo parece tan
claro.
Me
preguntas si todavía te amo, me preguntas si te siento en mí, si te
extraño, si me gusta mirarte, si te puedo amar a pesar de lo que
muestras, de tus harapos emocionales, ropajes rotos que tanto
intentamos esconder para no ser rechazados por las temidas
normalidades sociales.
Me
descubrí siendo el sol e iluminé toda mi vida para lograr ser digno
de ser amado, y después supe que no amaría a nadie como se
mereciera si no aprendía realmente a amarme, al desnudo, sin
disfraces, y sin máscaras que disimularan mis terribles malestares,
mis castigados años en la penumbra de la incertidumbre, mis
profundos pesares, e incluso aquellos secretos que aún no había
explorado...
Y
apareciste tú...
Desnuda,
con lágrimas en las manos, dispuesta a darme todo, todo, sin esperar
nada a cambio, y me hablaste de consciencia, de amor elevado, de
besos al alma, de pétalos desenfrenados que volaban audaces a mi
corazón desorbitado, y me preguntaste si te amaba, si sabía cómo
amarte también cuando tu aroma se tornara oscuro y tapara la luz de
la estrella que tanto admiro...
El
amor no distingue estados, no sabe si cumples con los arquetipos
inventados, sólo ama, ama sin barreras, sin tiempos, sin prisas, sin
necesidades, sin explicaciones, sin juicios y sin trabajos
forzados... El amor existe sólo si hasta el miedo se siente también
amado...
Así
que sí, sí mi amor, sí que te amo, porque cuando te miro veo mi
reflejo y hace tiempo que también me amo...
Puedo
darte lo que aprendí a darte, lo que jamás dejaré de ofrecerme, y
lo haré porque cuando te amo, me amo, porque cuando me amo, te amo,
porque cuando me entrego a ti, me lleno de mí, y de ti, y de todo lo
que somos cuando del ego nos olvidamos...
Ella
- Así es como yo te amo, acariciando tu furia cuando te descubres en
el enojo de tus desquicios, de decepciones que todavía no se han
resuelto en el océano de lo que ocultas y emerge cuando menos me lo
espero.
Así
es como yo te amo, en tus secretos jamás revelados, con el respeto
de tus silencios, de esos momentos en los que anhelas sentirte solo,
sin que mi presencia perturbe la inspiración de tu alma que vuela
libre para expresarse de algún maravilloso modo.
Así
es como yo te amo, en la distancia, en la constancia, en el abrazo
tenue que te alcanza cuando proyectas tu miedo sin darte cuenta sobre
mi espalda, porque te veo, te siento, porque te admiro y te
comprendo, porque en tu histora me disuelvo, y en la fusión de
nuestros besos somos la suma de dos completos, somos la dualidad
fundida en nuestros dos cuerpos.
Hoy
al despertar, el sol de tu sonrisa ha iluminado mi rostro, bañándolo
de tu dulzura, de tu infinita osadía de amar a esta persona que soy,
esta mujer envuelta en su crisálida, mutando un día y otro,
sedienta de ser esencia pura vestida de humanidad, abrazada mientras
tanto a tu cálida mirada, que me recuerda que la vida junto a tu
presencia es la bendición más sublime que recibo cuando abro mis
ojos cada mañana.
Hoy
al despertar, tu mano ha rociado con su aroma a la piel que recubre a
esta persona que yo encarno, viajando entre mis deseos, dibujando en
ella mis sueños, borrando así todos mis miedos, calmando la
angustia de mis desconciertos, bebiendo después con tus labios las
dudas que todavía en mi ego vivo y siento, y he sabido que amarte es
lo que enciende mi pecho y me eleva hasta alcanzar dimensiones y
espacios que todavía en mis memorias recuerdo.
Hoy
al despertar, mi cabello se ha enredado con tu cuerpo, y atravesando
los muros de mi inconsciencia, has derrotado a los monstruos que
construye mi torpeza, aquellos que se me cuelan por las grietas de lo
que aún no he logrado trascender y superar, y que tú doblegas tan
sólo con rodearme con tus brazos para transmitirme lo que siempre me
susurras, que soy fuerte, que soy Ser, que cualquier barrera que yo
vea no es más que una ilusión que yo misma me impongo cuando temo
progresar.
Hoy
al despertar, se han fundido nuestras almas, nuestros seres, nuestra
divinindad, y mi personaje humano, que te ama, que te ama impune,
voraz, se ha perdido en tu energía vigorosa y ha sentido expandirse
su conciencia hasta lo interminable, lo inalcanzable, lo
indescriptible, para morir en la pasión más celestial y soberana,
amor de encuentros en todos los lugares donde nacemos y no nacemos,
amor de fractales de nuestros seres que en muchos mundos nos
encuentra para volver a despertarnos juntos cada alborada.
Y
es que contigo me elevo, contigo me entiendo, contigo he nacido mil
veces y mil veces he muerto, contigo me hallo y me reconozco en tus
besos, contigo percibo quién soy cuando te observo, contigo me
duermo y contigo, amor eterno que existes siempre en el núcleo de lo
que soy como ser etéreo, contigo, contigo me desnudo de lo que no
soy y me despierto...
Como faro de luz azul, se me antoja tu mirada,
que nutre mi camino con el fulgor de tu abrazo tenue, bañado de
estrellas que me acompañan para que la soledad no sobrecoja mi sonrisa, y
no fustigue a mi alma enamorada...
Tu presencia, que se
manifiesta como vida eterna, se me clava en el pecho como ráfaga de
vendabal que me atraviesa, y que despierta un mundo de mariposas que
vuelan dentro de mí, con sus alas zafiro, brillantes, extenuantes de
felicidad, contagiando mi cuerpo del gozo de su libertad, de su amor, que es tu amor en mí...
Si tan sólo tu beso en la madrugada fuera más largo, tan, tan intenso y
tan extenso que me durmiera para siempre en él, tal vez lograría
comprender esta unión contigo, más allá de lo que la realidad me explica
y me muestra, más allá de lo que todo lo que yo soy siente cuando me
besas, porque el estremecimiento sobrecoge mi piel y la traspasa...
Tú sabes muy bien eso, sabes cómo llegar y con un solo gesto alcanzar por completo a mi alma...
No puedo decir que te quiero, eso no basta, te amo desde el amor, no
desde mi cuerpo, mas mi cuerpo lo vive por entero, vive el amor en cada
célula, en cada sueño, en cada osadía de amarte con mi espíritu, con mi
alma, con mi boca, con mis ojos, con todo lo que soy en cada uno de los
universos...
Sea quien sea yo, tenga el nombre que tenga, más
allá de lo que entiendo, más allá de donde habite mi ser, incluso más
allá de mis sentimientos, allí, allí mi amor se convertirá siempre en tu
cuerpo, en tu alma, en tu ser, en todo lo que eres en miles de
universos...
Ahora
que te has ido, mi pecho se derrama en el sollozo de mi alma, que te
llama, que te busca, que te aclama, porque tú has sido mi verdad, mi
principio, mi eternidad, mi compañero más amado, el único amor que
siempre en mí había vivido, callado, anclado en mis memorias
infinitas, en mis células, en todo mi ser, que te respira, que te
admira, que te venera, que se ilumina con tu sonrisa, con tus
caricias, con esos besos que nos unían y fusionaban en nuestros
mundos y dimensiones creados para amarnos sin límites, sin
pretensiones...
Ahora
que te alejas, mis ojos se duermen, se cierran, y ya no esperan poder
amar a nadie más, porque tú has sido la cumbre de la experiencia
del verdadero amor vestido de hombre, con mi piel de mujer
envolviéndote en cada centímetro, en cada aliento, en cada
vivencia, en cada mañana...
Y
es que tus labios han sido el paraíso de mi boca, tu mirada el
océano profundo donde te exploraba al hundirme en ellos, para
después volverme loca de pasión cuando se nos escapaba el deseo de
nadar en nuestros cuerpos, de tocarnos más allá de la materia que
estábamos siendo...
Construimos
juntos nuestro cielo, dulce amor de versos, de flores, de sosiego,
para volar como ángeles y descubrirnos por entero, como humanos,
como seres divinos, en nuestro gran anhelo de poseernos, o quizás,
de ser uno uniéndonos, fundidos en nuestros corazones en una danza
sensual que se mecía en nuestro empeño de concedernos el gran
regalo de lo que significa estar en esta Tierra y querernos...
Ahora
que la despedida se muestra como una tormenta sobre mi espalda, como
una carga que no sé si sabré sostener, ahora que tus manos y las
mías no siguen en su alianza y se desligan, ahora, ahora puedo
decirte que, sin más, en esta vida, tú has sido y serás la llama
que en mí se enciende y se queda prendida para el resto de todos mis
días, y que te veré y te amaré en la esencia de todo lo que me
rodea, de todo lo que a mi alrededor exista, porque tú y sólo tú
eres un yo con el cual supe descubrirme y sentirme, comprenderme y
hallarme...
Ahora
que sé que te marchas todavía amándome, sabiendo que tú sientes
lo mismo, mas que partir es lo que escoges para seguir un camino que
ya pactaste, hace tiempo, antes de reencontrarnos en este destino,
sólo te pido que me recuerdes, que no permitas que otros amores
arranquen de tu alma a la mía, porque allí se queda, contigo, parte
de mi esencia, y en mí parte de la tuya, porque así siempre fue,
aunque tú al principio no reconocieras lo que somos, y no
permitieras que el amor que buscabas te alcanzara desde dentro de ti
hasta dentro de mí...
Ahora,
comprendo, acepto, y yo también me entrego a la partida, me marcho,
me alejo, porque el amor es respeto, y por eso, te prometo, amado
mío, que seré feliz, que, aunque este amor será irrepetible,
amaré, te amaré a ti en cada cuerpo, en cada beso, en cada
universo, en cada rosa del jardín de nuestros sueños, en cada
palabra tierna de quien me escriba como tú lo hacías en secreto,
porque aun amándote con todo lo que soy y seré, entiendo que no
puedo abandonarme, no puedo despreciar la vida, no puedo torturarme
porque tú no quieras luchar por lo que nuestras almas gritan...
Ahora,
no insistiré en que te quedes, alza tus alas, amor mío, y vuela,
experimenta, siente, ama, ríe, y permite que todo lo que vivas te
ayude a llenarte de ti mismo, para así honrar nuestra unión divina,
que valga la pena la aventura, que sea bello lo que consigas, que el
éxito sea enorme, que te amen como mereces, que aprendas, y cuando
llegue el momento en que se marchite el cuerpo que nuestras almas
habitan, me des la mano de nuevo, para volar hasta esos lugares que
creamos con tanto amor cuando aún mis ojos reconocías...
Ahora...
ahora te digo adiós, y espero que te nutras de la música de un
nuevo amor para que cuando te escuche en mi interior gracias a
nuestra eterna conexión, no pueda oír más tu dolor, sino tu
felicidad compartida a través de tu corazón...
Tú eres mi otro... escucho tus silencios, los vacío en mi ser, me lleno de tus besos, en el atardecer...
Tú eres mi otro... la música de mi alma la sientes dentro de ti, te abraza y te reclama te bebe para vivir...
Tú eres mi otro... mi océano nace contigo, y tú nadas en él buscando el abrigo que te devuelva a tu ser...
Yo soy tu otro... mis ojos son el cristal que brilla en tu mirada en tu esencia más real, y en ellos desnudas tus torpes pasos rebeldes cuando no te escudas en lo que no eres...
Tú eres mi otro...
En el infinito te espero para poderte decir con mi corazón completo que siempre estuviste en mí....
Cómo
podría expresarte mi amor sin enturbiarlo con palabras inadecuadas. Este
inefable amor que no se define con un gesto, ni con un abrazo, que no se puede
expandir desde mí hacia ti porque los cuerpos nos lo impiden, este amor que
viaja entre mundos, que se filtra entre los obstáculos que nuestra mente nos
impone, este amor que no entiende de distancias, ni de tiempos, ni de identidades,
ni de sufrimientos…
Sólo
mostrándote mi alma entera, mi infinita conciencia que ilumina esta pequeña
existencia, fractal de mi realidad completa, alcanzarías a saber un poco lo que
es amarte, sólo si mirases más allá de lo que ves, elevándote por encima de ese
hombre que eres, siendo ese dios que nació encarnado en ese cuerpo de humano,
conocerías la profundidad del amor que se extiende desde mí hacia ti y que de
ti vuelve, regresa en una expresión incrementada eternamente, en un flujo
inacabable de doradas estelas de refulgente luz que nos envuelve, que cobija a
dos universos unidos en amor divino, amor cósmico que estalla en un éxtasis de
placer que nos delata…
Decir
“te amo” no es suficiente, es reducir a la fuente creadora en dos palabras
insignificantes, pero si las pronuncio al contemplarte, vaciando mi alma desde
tus ojos hasta tu mundo, entregándome sin miedo al paraíso de tus besos
ocultos, de tus deseos no saciados, abrazada a tu existencia con todas mis
fuerzas, entrelazada a tu mirada con mis piernas, con mis brazos, con mi
espíritu, con mi alma, con la clemencia del amante que se rinde a lo que siente,
con la luz de lo que soy emulsionada en tu fragancia, aroma de alma, de hombre,
de ser, de dios etéreo que también hasta mí viajas… sólo entonces hago algo de
justicia a lo que emana hacia ti mi corazón de diosa enamorada…
Cómo
no amarte, cómo no adorarte, cómo no admirarte, si eres la estrella que late
como fuego fulgente en mis entrañas, en mi pecho, en el intenso ser que soy en
los mundos donde habito, siendo mis venas, mi sangre, mi brillo radiante que
luego emerge en tu cuerpo y en el océano de tu esencia divina y fulgurante…
Cómo
no darme…cómo no darte… si entretejidos con los hilos de la luz que nos une, la
creación del amor eclosiona como un volcán de llamas sagradas que se funden y
que estallan desde la esfera de pasión que nos envuelve, hacia el todo, para
ser amor en cada partícula de cualquier universo que se nos presente…
Si
un día tocas este amor que se me pierde, que se destapa, que te persigue y
juega al escondite mientras tú te escapas, sabrás que has encontrado tu
universo oculto en otro cuerpo esperando a que seas capaz de verlo y amarlo sin
que tu mente lo juzgue, o lo considere indigno de entrar en tu alma…
Y
si eso ocurre, abre las puertas porque eres tú quien me llama, es tu voz la que
en sueños me busca y me reclama, es mi alma la que llega para que puedas dormir
sin preguntarte dónde está lo que anhelabas…
En
mi regazo de amor inefable se halla la ternura que te acaricia cuando estás
soloy en calma, esperando a que un día
te desnudes de los dogmas de la cárcel que aprisiona a tu alma, del pasado que
te hiere con las cadenas que te atrapan, de la mentira que ciega tu hermosa y
noble mirada, detrás de tu fingida mirada…
Descansa en el regazo de la luna
de mi alma para que pueda aguardar el momento de explicarte cuánto
universo hay en mi existencia y cuánto de él hay en la tuya,
manifestado como un susurro inalcanzable, infinito y recóndito de tu
esencia completa y resguardada de la lluvia amarga de este mundo en
tu interior. Contempla las estrellas de tu espacio y descubre la
belleza de su luz y su delicadeza sublime que se refleja en tus
pupilas cuando permites que el fulgor de tu deidad se eleve por
encima de los muros de tu indeleble humanidad.
Despliega
tus andanzas para que tus retos se revelen ante ti como humildes
siervos de dulzura y resplandor, para que tus pasos sean vuelos en
tus cielos de aventuras y despertares sacros que se posan en tus
manos, preparadas para dar, para coronar de amor todo cuanto te
rodee.
Desalienta
la penuria y asciende en la longeva divinidad de tu alma pura, para
ser el manto que cubre los huecos de la soledad incierta, la que se
muere en mis pestañas cuando llorar es padecer el abatimiento de una
vida que no ha nacido para ser una mentira.
Tu
universo en mí se desenreda en estrellas y planetas que se vuelcan
en la órbita de un amor eterno, un delirio humano que se deshace
como el hielo cuando el fuego de tu esplendor fulgurante se hace
añicos en mi pecho y en millones de partículas de cristal azul
zafiro se disparan hacia tu corazón sediento de beberme, como ese
mar que refleja tu consciencia y tu esperanza de nadar y bucear en el
remolino de mis olas, mis corrientes submarinas que dibujan la
grandeza entre nuestras almas nómadas.
Mi
universo en ti se extiende en cometas, asteroides y en increíbles
galaxias que danzan y cantan como ángeles de versos transparentes,
entre poemas de palabras que te buscan tiernamente cada noche, para
darte un mundo completo y pleno, traslúcido y sereno, adormecido
entre tus sueños de verdades coherentes, de belleza celestial y
sorprendente.
Eres
mi universo en mí, soy la nave de los cuerpos que se hicieron, el
punto de unión de los recuerdos que se habían dormido, el ancla, el
timón y el capitán de la misión que por amor escogimos, soy tu ser
en tu alma y en tu mente, soy tu brillo, soy todo lo que tú eres,
somos un cosmos en dos cuerpos divivido, un perpetuo big bang que
entre ambos explota sin apenas hacer ruido.