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martes, 12 de julio de 2016

LA LLAMADA ANÓNIMA


Sí, te pienso, te imagino, te rodeo con mi aroma de cristal que se me escapa como ráfagas de viento desprendiéndose de mi pecho, para abrazarte, para recordarte lo que es amar desde mi alma, para coserte las alas que olvidaste que podían devolverte la libertad de ser tú mismo, y alcanzarnos siempre, en nuestro vuelo, en el destino, en dimensiones bellas y también en este tiempo, en este espacio donde no te tengo, para fusionarnos como juramos en cada uno de nuestros encuentros, antes de que nos confundiéramos en nuestros abismos.

Y te hablo, te suplico, y te envío desde mis lágrimas una llamada anónima de auxilio, y desmayo mis palabras en el latido de mi cuerpo que se esconde compungido, porque siente, porque se estremece cuando tu respuesta llega como una luz, que se me cuela en los rincones de mi consciencia sometida por temores, que me impiden deshacerme del engaño de pensar que no vale la pena ser estos humanos mortales, porque sufren, porque anhelan, porque viven emociones que a menudo nos empujan a sumirnos en tormentos y mendacidades. Mas tu voz, la de tu esencia divina, me atraviesa el corazón para iluminarme y desengancharme de este miedo a no lograr nunca contemplarte, de esta lucha contra la sombra incesante que me acecha para dominarme.

Sé que no vendrás a rescatarme, no es tu cometido, sé que es mi fortaleza y mi tenacidad las que me mantienen viva en este enclave, y te he prometido que aunque vaya contra la corriente, aunque yo sola me salve, aunque pueda ser una loca más que se disfraza de adaptada y de valiente, no perderé la autenticidad que me identifica, mas tú sabes, mi vida, tú lo sabes, tú comprendes que mi llanto ha sido el alivio que ha sanado mis heridas, que tus ojos han sido el horizonte hacia el que he volado cada noche, y cada día, que tu sonrisa ha sido mi cobijo en esos lugares que nadie ha visto, esos donde siempre reconozco que eres tú quien me acaricia y me mima.



Así que, no me pidas que no te cuente lo que siento cuando se oscurece ese diamante que fui en algún universo, que ahora nos espera para regresar en ese viaje de partida, que todavía no comienza y no termina, no me ruegues que no llore, no intentes secar con tus besos gráciles esta tristeza que se mezcla con la dicha de sentirte, aquí en este instante, permite que te diga que te añoro en mi camino, que te busco en lo que vivo, que a veces flaqueo y me despierto sin aliento y sin encontrar sentido a lo que soy, a lo que pido desde esa carencia irreal que experimento cuando no te percibo.

Y es que soy humana, soy humana, y siento, y canto, y sueño, y grito, y lloro, y en ocasiones me lastima el frío que me sobrecoge cuando no hallo en tus brazos el abrigo que tú me dijiste que compartirías conmigo...

Una llamada anónima, un lazo de amor que viaja hacia tu alma, una palabra que te llena de mi esencia en una telepatía que no entiende de mensajes de la mente, torpe y recia, una comunicación con el lenguaje sublime de nuestras dos divinidades envueltas de estos cuerpos que nos alejan, o nos acercan...

Y recibi tu respuesta, y me estiré en tus pestañas para dormirme en tus párpados enamorados del presente, para entregarte mi desdicha en la mañana siguiente, y así, otorgándonos el placer de la cercanía de nuestros mundos, de nuestros cuerpos sutiles, decidimos dejar la espera para reencontrarnos en todas las líneas del tiempo en que nacimos...

Arael Elämä Araham...

domingo, 1 de mayo de 2016

AMOR CONSCIENTE



Ella - He dado la bienvenida a mis miedos, los he acogido, los he acunado, y me hablaron de sus inquietudes, de sus motivaciones, de su afligido sentir que me invadía por momentos, y ellos, esos temores inciertos y mensajeros de algunos de mis antepasados, o de tiempos que no son tiempos, me devolvieron mis abrazos y me sostuvieron, mostrándome que también soy el viajero que se oculta de todo aquello que desconoce, que le abruma, incluso cuando se trata de lo más sublime, porque la felicidad también asusta cuando no se asume.

Y así, paso a paso, invité a mis tristezas, a mis iras, a mis rabias, a mis emociones más alteradas, aquellas de las que más huía, a tomar el té en una tarde de primavera como ésta para, sin hacer preguntas, me regalaran sus respuestas.

Me enamoré de sus vidas, de sus historias sentidas, de sus causas más encubiertas, incluso de sus indolencias, de sus heridas, de su violencia, de la agresividad del resentir que se amalgamaba en ellas...

Y frente a ti, temblando ante tus ojos, abro mis manos, mi pecho y mi alma, y te presento a mi sombra, parte de mi existencia, parte de lo que soy, aunque te parezca ruda, fea y desprovista de la tan anhelada belleza.

Y si me amas, me debes amar también cuando mi rostro sólo muestra mis asperezas, cuando mi brillo se apaga y aparecen las emociones a las que yo llamo densas, ámame sin tabues, ámame con gentileza, ámame sin que lo humano signifique disminuir ese amor que tanto me profesas, porque yo soy divinidad pero también soy esta mujer humana que se siente indefensa.

Mírame con mis llagas, mírame con mi llanto, con mi miedo, con el desconsuelo, con mi rendición, con mi esperpento, mírame como soy al completo, tanto cuando soy casi un ángel, como cuando soy absurda y grotesca...mírame a los ojos y contesta... ¿me amas, o me detestas?

Él – He dado todo de mí siempre que he amado, me he desquiciado, me he olvidado de mis mentiras y mis verdades, me he enamorado tanto de lo que anhelaba hallar, que no vi que todo eso estaba dentro de mí enterrado. Y ahora, ahora me observo y todo parece tan claro.

Me preguntas si todavía te amo, me preguntas si te siento en mí, si te extraño, si me gusta mirarte, si te puedo amar a pesar de lo que muestras, de tus harapos emocionales, ropajes rotos que tanto intentamos esconder para no ser rechazados por las temidas normalidades sociales.

Me descubrí siendo el sol e iluminé toda mi vida para lograr ser digno de ser amado, y después supe que no amaría a nadie como se mereciera si no aprendía realmente a amarme, al desnudo, sin disfraces, y sin máscaras que disimularan mis terribles malestares, mis castigados años en la penumbra de la incertidumbre, mis profundos pesares, e incluso aquellos secretos que aún no había explorado...

Y apareciste tú...

Desnuda, con lágrimas en las manos, dispuesta a darme todo, todo, sin esperar nada a cambio, y me hablaste de consciencia, de amor elevado, de besos al alma, de pétalos desenfrenados que volaban audaces a mi corazón desorbitado, y me preguntaste si te amaba, si sabía cómo amarte también cuando tu aroma se tornara oscuro y tapara la luz de la estrella que tanto admiro...

El amor no distingue estados, no sabe si cumples con los arquetipos inventados, sólo ama, ama sin barreras, sin tiempos, sin prisas, sin necesidades, sin explicaciones, sin juicios y sin trabajos forzados... El amor existe sólo si hasta el miedo se siente también amado...

Así que sí, sí mi amor, sí que te amo, porque cuando te miro veo mi reflejo y hace tiempo que también me amo...

Puedo darte lo que aprendí a darte, lo que jamás dejaré de ofrecerme, y lo haré porque cuando te amo, me amo, porque cuando me amo, te amo, porque cuando me entrego a ti, me lleno de mí, y de ti, y de todo lo que somos cuando del ego nos olvidamos...

Ella - Así es como yo te amo, acariciando tu furia cuando te descubres en el enojo de tus desquicios, de decepciones que todavía no se han resuelto en el océano de lo que ocultas y emerge cuando menos me lo espero.
Así es como yo te amo, en tus secretos jamás revelados, con el respeto de tus silencios, de esos momentos en los que anhelas sentirte solo, sin que mi presencia perturbe la inspiración de tu alma que vuela libre para expresarse de algún maravilloso modo.
Así es como yo te amo, en la distancia, en la constancia, en el abrazo tenue que te alcanza cuando proyectas tu miedo sin darte cuenta sobre mi espalda, porque te veo, te siento, porque te admiro y te comprendo, porque en tu histora me disuelvo, y en la fusión de nuestros besos somos la suma de dos completos, somos la dualidad fundida en nuestros dos cuerpos.




Arael Elämä...



domingo, 20 de diciembre de 2015

AHORA

Ahora que te has ido, mi pecho se derrama en el sollozo de mi alma, que te llama, que te busca, que te aclama, porque tú has sido mi verdad, mi principio, mi eternidad, mi compañero más amado, el único amor que siempre en mí había vivido, callado, anclado en mis memorias infinitas, en mis células, en todo mi ser, que te respira, que te admira, que te venera, que se ilumina con tu sonrisa, con tus caricias, con esos besos que nos unían y fusionaban en nuestros mundos y dimensiones creados para amarnos sin límites, sin pretensiones...

Ahora que te alejas, mis ojos se duermen, se cierran, y ya no esperan poder amar a nadie más, porque tú has sido la cumbre de la experiencia del verdadero amor vestido de hombre, con mi piel de mujer envolviéndote en cada centímetro, en cada aliento, en cada vivencia, en cada mañana...

Y es que tus labios han sido el paraíso de mi boca, tu mirada el océano profundo donde te exploraba al hundirme en ellos, para después volverme loca de pasión cuando se nos escapaba el deseo de nadar en nuestros cuerpos, de tocarnos más allá de la materia que estábamos siendo...

Construimos juntos nuestro cielo, dulce amor de versos, de flores, de sosiego, para volar como ángeles y descubrirnos por entero, como humanos, como seres divinos, en nuestro gran anhelo de poseernos, o quizás, de ser uno uniéndonos, fundidos en nuestros corazones en una danza sensual que se mecía en nuestro empeño de concedernos el gran regalo de lo que significa estar en esta Tierra y querernos...

Ahora que la despedida se muestra como una tormenta sobre mi espalda, como una carga que no sé si sabré sostener, ahora que tus manos y las mías no siguen en su alianza y se desligan, ahora, ahora puedo decirte que, sin más, en esta vida, tú has sido y serás la llama que en mí se enciende y se queda prendida para el resto de todos mis días, y que te veré y te amaré en la esencia de todo lo que me rodea, de todo lo que a mi alrededor exista, porque tú y sólo tú eres un yo con el cual supe descubrirme y sentirme, comprenderme y hallarme...



Ahora que sé que te marchas todavía amándome, sabiendo que tú sientes lo mismo, mas que partir es lo que escoges para seguir un camino que ya pactaste, hace tiempo, antes de reencontrarnos en este destino, sólo te pido que me recuerdes, que no permitas que otros amores arranquen de tu alma a la mía, porque allí se queda, contigo, parte de mi esencia, y en mí parte de la tuya, porque así siempre fue, aunque tú al principio no reconocieras lo que somos, y no permitieras que el amor que buscabas te alcanzara desde dentro de ti hasta dentro de mí...

Ahora, comprendo, acepto, y yo también me entrego a la partida, me marcho, me alejo, porque el amor es respeto, y por eso, te prometo, amado mío, que seré feliz, que, aunque este amor será irrepetible, amaré, te amaré a ti en cada cuerpo, en cada beso, en cada universo, en cada rosa del jardín de nuestros sueños, en cada palabra tierna de quien me escriba como tú lo hacías en secreto, porque aun amándote con todo lo que soy y seré, entiendo que no puedo abandonarme, no puedo despreciar la vida, no puedo torturarme porque tú no quieras luchar por lo que nuestras almas gritan...

Ahora, no insistiré en que te quedes, alza tus alas, amor mío, y vuela, experimenta, siente, ama, ríe, y permite que todo lo que vivas te ayude a llenarte de ti mismo, para así honrar nuestra unión divina, que valga la pena la aventura, que sea bello lo que consigas, que el éxito sea enorme, que te amen como mereces, que aprendas, y cuando llegue el momento en que se marchite el cuerpo que nuestras almas habitan, me des la mano de nuevo, para volar hasta esos lugares que creamos con tanto amor cuando aún mis ojos reconocías...

Ahora... ahora te digo adiós, y espero que te nutras de la música de un nuevo amor para que cuando te escuche en mi interior gracias a nuestra eterna conexión, no pueda oír más tu dolor, sino tu felicidad compartida a través de tu corazón...

Arael Elämä...

domingo, 13 de septiembre de 2015

PASO A PASO

Me abro camino...

Paso a paso, poco a poco, forjé las huellas que del ayer me enviaron a este momento en que me hallo frente a ti, sopesando los éxitos, los fracasos, las verdades, los engaños, y recalculando la ecuación que se gestó con números que ahora ya no me sirven, porque se han borrado.

Y del abismo en el que parecía estar cayendo, emergió una luz que me acogió me elevó, y me mostró el camino que no podía ver, pues se creaba cada vez que mis pies tocaban un suelo que no existía.

Me embarqué en una aventura con una brújula que marcaba mis errores, para que pudiera liberarlos, dejarlos ir, para que no los guardara más en mis bolsillos, para que no anudara ilusiones a mi alma sedienta, porque en realidad, jamás había sentido sed, el agua brotaba desde mi corazón, como un rayo reluciente hecho de versos, que se entrelazaba con mis manos, con mis ojos, y se expandía en mis abrazos, en mis besos, y se extendía por aquellos parajes por donde paseaba.

No me percaté de que por aquellos lugares por donde transitaba, mi Ser sonreía y las flores se escapaban y volaban, las mariposas se convertían en hadas, las sirenas peinaban sus cabellos con mis palabras, y el sol me daba la calidez que necesitaba para sentirme acompañada.

Y mi atuendo de guerrera no me hacía falta, ni el de víctima, ni el de mujer enamorada, tan sólo un yo tranquilo, sosegado, que a sí mismo se emanaba, desprendía la esencia real de lo que la ropa ocultaba.

Me abro camino...

Dejo atrás el verbo del cual me equivocaba, no nado en el río que mis lágrimas ya secas habían inventado para llegar a un mar que ya no estaba, que no era mío, forjado de hechos e historias de misterio que me encandilaban.



Y hoy soy mi barco, mi océano y mi estrella, el flujo de energía que se mueve hacia la gran estela de la vida, de la conciencia divina, de la magnificencia que me guía hacia la idea que no es idea, que es la única verdad, la unidad, el origen, la supremacía.

En el paso del gigante que me da la mano cuando mis piernas flaquean, hallo la fuerza, el corage, la valentía...

Y en el gesto tierno de quien susurra entre el canto del viento que mi piel de forma suave acaricia, te encuentro, me encuentro, nos encontramos, más allá del amor mundano, más allá del amor que mi pequeña mente comprendería, más allá del universo, más allá de un millón de miradas vacías, más allá del cielo, más allá de esta vida.

Beso tu mirada y la bendigo en la mía, porque mirarte es la bendición más bella que he sentido en mi pecho encendido con la luz de algo más fuerte que nosotros, que nos mira, beso tu sonrisa esquiva, tu alma fundida en el sollozo de una emoción contenida, tu cuerpo que respiro y que en mi cuerpo se perfila, tu abrazo que me envuelve y me ilumina...

No hay error en lo que hace latir mi existencia más allá de esta humana que soy, de esta mujer de la que me visto cada día. No hay mentira en lo que observo sin el filtro que cayó en el abismo que me sostenía, ahora, sólo hay verdad, y el miedo se ha rendido ante la diosa que vive en mi boca cuando la besas con tu amor de ángel, de hombre, de dios, de locura de pasión que me provoca, sí, me provoca vivir, me provoca sentir, me provoca salir de esta crisálida que me oculta, para unirme a tu voz, a tu respiración, a tu piel, a tu esencia loca...

Me abro camino...

Renazco de mis cenizas y destilo mi voz como una ráfaga que te habla cuando tu ser me da la mano y me dice: “camina, camina mi amor, camina, que yo te acompaño, que no hay distancia, que sólo hay amor y sólo hay vida”

Arael Elämä.




sábado, 8 de agosto de 2015

CONCILIACIÓN INTERIOR

He descalzado todo lo que hay en mi mente, tras una lucha sedienta de serenidad, tratando de ser sólo lo que soy, sin máscaras, sin mentiras, sin disfraces que oculten lo que estoy sintiendo.

Me adentré en el bosque de los pensamientos, aquellos que se escriben como capítulos de una novela de desamor, de tristezas, de pasos inciertos y de errores y culpas. Y ahora, he ido talando, uno por uno, cada invento, cada temor, cada fantasía absurda que se creaba con el único fin de limitar mi camino.
Ahora he roto los muros que me impedían ver lo que había más allá de las sombras de mi alma y tras la noche oscura, un amanecer se me muestra con imágenes que jamás creí que podría contemplar.

El sendero de mi autodescubrimiento no está exento de monstruos y fantasmas, pero con amor y valor, con honestidad y lucidez, con ternura y comprensión, con respeto, he logrado verme en el espejo y aceptar quién era y es persona que estaba viendo reflejada.



No quise huir de mí misma, sino llorar, dejar que el llanto por la compasión hacia un alma atormentada por los pensamientos que la atrapaban, fuera la vía de escape de una energía obsoleta que debía ser liberada.

Y es que la lucha entre mi esencia, deseosa de renacer, de brillar con todo su esplendor, y mi mente, cargada de prejuicios, de ideas preconcebidas, de creencias falsas, de programas ejecutándose sin que apenas pudiera percibirlo, ha sido difícil, muy difícil.

El amor ha sido la única herramienta para superar el dolor provocado por mis propias resistencias.

Sin embargo, el ego es muy astuto, puede engañarnos, hacernos creer que ya estamos libres de las ataduras de la densidad de lo que no somos, y sin embargo, descubrimos después que seguimos sufriendo de manera absurda.

Si dentro de nosotros guardamos esa polaridad, si nos aferramos a ella, la proyectaremos y veremos por todas partes, y esa lucha entre luz y sombra, continuará para siempre.

Así que no pude hallar otra forma que conciliar mis dos aspectos opuestos a través de la energía del amor que mi ser irradia y escuchar lo que mi Ser le habla a mi mente confusa y enredada...

  • Si te inventas un juego, yo juego contigo, si elucubras, yo te miro comprensivo, si te decepcionas, yo borro tus expectativas, si te enamoras, yo te enseño a amar con desapego, si te desmoronas, yo te abrazo y te consuelo, si crees que nadie te ama, yo te muestro cuánto amor te tengo y cuánto amor sienten hacia ti los que tienes cerca, si te distraes, yo llamo tu atención, si te enojas, yo sonrío y te contagio mi alegría, si te sientes perdida, yo te encuentro cada día, si te sientes sola, yo te acompaño y te traigo más compañía... Mírame en los árboles que desde tu balcón admiras, mírame en las sombras, más allá, donde la luz es la que las mueve y las oscila, mírame en las montañas para ver la magestuosidad de tu existencia y la mía, mírame en la playa, cuando por su orilla caminas, para nadar en mí, para sentirme acariciarte siendo agua sobre tu piel tranquila, mírame para mirarte, porque soy tú cuando me miras...

Y así, el Ser no gana, ni pierde, sólo ama...ya no hay lucha, no hay guerra, sólo calma...Y así ya no hay polaridad interna, y desaparece la externa, quedando sólo la magia...

Arael Elämä Araham

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA FLOR QUE TÚ NO ELIJAS



En mil planetas pude hallarte,
en las respuestas de tu alma,
en las cortinas que nos separaban,
en laberintos ambiguos
en la noche, el día, el sol,
en la luna y en el alba,
en todo eso eras presente,
te añoraba y te recordaba,
te vestía de mis sombras
para llorarlas en la alborada,
te desnudaba de ellas
tras descubrir que era yo
quien siempre las fabricaba,
te suplicaba clemencia
para que me reencontraras,
te desmayaba mis besos
ante tu boca que los rechazaba,
te perseguía en intentos
de que al mirarme vieras
por fin el reflejo de tu llama...

Y tras sufrir la caída del dolor,
tras llorar el camino del perdón,
tras morir en mi cuerpo
deseando e implorándote tu amor,
caí rota en mil espacios, en mil
luces de estrella que se desvanecían
en tu mente, en tu corazón,
ahogué mis sueños en tu ausencia,
maté con mis heridas la piel
que cubría la oportunidad
de amarte en este absurdo lugar
en esta ilógica demencia...

Creí buscarte, creí sentirte
más allá del viento y del aire,
amé quererte, amé saberte,
y entre luces de colores
escogiste no beberme,
elegiste perderme, antes,
mucho antes de tenerme...

Y supe así que ya no podía esperarte...



En la acérrima búsqueda
del cáliz del amor sagrado,
primero hallé la desgracia
de sentir que el ser amado
tan anhelado, tan venerado,
no poseía el don de saberme,
ni vería lo que no sabía ver,
ni hallaría lo que no lograba
buscar desde su única verdad...

Y luego falleció el personaje
que inventó el amor sobre el amor,
y amanecí envuelta en mi ser,
descubriendo que yo soy la flor
que da su aroma, que da su vida,
la flor que en mi jardín más brilla,
la flor que sólo ve aquel que mira,
la flor que ama sólo quien sabe amarla,
la flor que ya no busca, ni espera,
sólo se ilumina al sentirse viva,
la flor que ya no llora, ni se lastima,
la flor que ha florecido para existir,
sin ser lágrima, para ser rima,
la flor que todo ama, que a todo estima,
la flor que acepta que sola
puede ser libre completa,
porque ama sin condición, sin prisa,
porque ofrece amor sin devolución,
porque es pura y precisa,
porque esa es su rendición,
la de ser amor aunque tú,
rey del jardín de mis risas,
ni me ames, ni me elijas...

Arael Líntley

lunes, 15 de septiembre de 2014

EL PODER DEL AMOR

En un susurro que ciega y oculta cualquier otro sentido para que logre alcanzarte, me hablas de un amor sublime que se presenta como el regalo de un corazón que ama libremente cerca de las nubes, lejos de lo mundano, a través de los espacios, universos, cruzando el tiempo, las dimensiones, los diferentes planos que existen en este planeta..
Y lo percibo como el sonido del mar, anidando en mi alma como una gran esperanza, con la certeza de que esa verdad existe en mí, como la respiración vive en mi cuerpo...

La llama que arde y que reluce en mi pecho me indica el camino que mis pies van trazando en la arena. Las olas del mar de esta nueva visita a este rincón tan especial, danzan con mis ojos, que las cuentan para saber cuánto tiempo he estado recorriendo esta playa.



El horizonte anaranjado me enamora una vez más cuando su música celestial me canta y me serena en mis cuentos de amor entrelazados a mi alma sutil, amante de amores, sedienta del beso del sol del alba que se clava en mi mejilla cada mañana.

Nostalgia de rayos dorados que me tiñen de ángel, de nubes blancas que me cosen las alas que siento, de cielos azules que nacen en mi mirada para ser devueltos al océano cuando vuelo por encima de su hermoso reflejo marino, que se diluye en mí, entero, y me convierte en la diosa del punto donde se une la magia de lo físico y lo etéreo.

Mi piel es de luna, de estrella, mis manos de lágrimas de versos de tus poemas perfectos, fabricados con esos susurros que me dibujan tu rostro bello, grabado en mis labios y disuelto en el aire que entra hasta mi cuerpo, para nutrirlo, para cuidarlo, para sostenerlo.

El poder del amor es invencible, es la deidad que nos conduce al infinito, al éxtasis energético, a la pureza más sagrada e intensa, es el sustento por el cual mi elevación me permite este acercamiento...

Y sueño tus pensamientos, siento el deseo de tu alma dentro de cada voz que presiento, veo tus sonrisas en el calor de un mensaje que se hace completo entre mis manos al escribir con la pluma de mi sentimientos.

Soy la llave que abre las puertas del miedo, atravieso la tormenta de rayos fieros, más allá de lo que no entiendo, grácil como la luz de un lucero...

El poder del amor es lo que me impulsa, me mueve, me arrastra hacia tus pasos inciertos, vistiendo la desnudez de la fantasía que promueves en tu intento de atrapar tus anhelos, con mi amor imperecedero...

Como una melodía confusa, me deslizo entre las ondas del viento, viajando hasta tu ventana y colándome en tus momentos, para acariciar tu alma con la respuesta a tus susurros, a tus señales, a tu llamamiento...

  • Aquí estoy, como siempre te prometo, en esencia, como nota de un piano que se muestra melodioso ante tus sentidos, como gota de rocío que se posa en tus ojos y se convierte en la lágrima de amor más intensa que jamás hayas sentido, que se posa suave en tu boca para ser en ti la saliva que te muestre el sabor del amor más verdadero...

Me distraigo en tu lengua para sentir la huella de tu nuevo traje en este mundo tan austero, ruedo luego en tu garganta hasta llegar a tu pecho y estallo en tu música, en tu aroma y en tus latidos, para latir contigo...

Si me llamas acudo sin dudar, tras el susurro de tu alma radiante, con el poder que el amor me otorga sin más, con mis alas atadas para poder volar, con el aspecto del ángel que deseas encontrar, con el atuendo de lo que tu mente desea inventar, mas siendo yo, sin error, pues mi nombre lo hallas en mi vibración, única, mía, de los dos...

Arael Líntley