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jueves, 2 de marzo de 2017

DESPIERTA, CORAZÓN

Despierta corazón, abre tus ojos invisibles y danza, sonríe que me encanta, me encanta cuando tu risa despierta a los ángeles que siempre te acompañan. Despierta corazón, observa las flores que brillan para mostrarte la confianza, la certeza de que esta vida es amable y no amarga, que tu perfume es hoy la alegría y ya no es la tristeza, ni la añoranza, porque todo es perfecto en cada paso que tu alma alcanza.

Despierta corazón, que está saliendo el sol y se te escapan sus primeros rayos, sí, esos que te abrazan, esos que te visten de ti mismo, esos que te descalzan, para que andes libre de las cadenas que ahora ya no te atrapan.

Despierta corazón, mírame, yo te acompaño, tú me acompañas, no temas, no hay dolor que no puedas trascender con tu magnífica fuerza, no hay herida que no sane si ese amor que en tu alma se muestra la besa, sí, la besa, pues de amor se nutre la vida, y de vida se nutre este amor que le profesas.

Despierta corazón, despierta, que yo te amo, sin condiciones, sin mentiras, sin trampas, te amo porque eres, porque todo en ti es bello y nada está mal, si tú te aceptas, yo soy tu mayor sorpresa, tu nueva forma de pensar, tu nueva senda, soy tu camino y el caminante que lo crea, soy tus deseos, y el que desea, soy tu sabiduría interior, tu alma, tu gran amor, tu compañera.

Despierta, corazón, que te espera un mundo entero de belleza, salta a tu nuevo horizonte sin temor, que yo te cuido, te guío y te doy la entereza que necesitas para tu vuelo, para que agites tus alas sin vergüenza, para que sepas que todo lo que existir aquí conlleva, se traduce en una sola palabra que todo lo contempla, amar, amar porque eso es lo que nos hace ser libres de la oscura noche que siempre nos acecha. 


 
Ya no, amor, ya no, ahora la oscuridad no es una maquinación perversa, es sólo aquello oculto que aún no has descubierto y que a veces se te presenta, con el nombre de una emoción que te asalta y que te ahuyenta, que te pierde y te preocupa, mas no temas, mi amor, no, no temas, la emoción es como un niño asustado que te pide que le comprendas, no caigas en la culpa, ni en la rabia, ni en el miedo, ni te enojes contigo mismo por permitir que te muestre lo que todavía no pudiste liberar, porque sólo son pequeñas pruebas que te impulsarán a crecer más, a ser más yo, más tú, más quien eres y somos de verdad.

Despierta amor, despierta, soy tu ser, y hace tiempo que te espero porque sé que juntos vamos a conseguir amarnos y entregar amor a otros. Y estoy aquí, suceda ello o no suceda, porque es mi naturaleza, mi energía, porque soy lo que nos da nombre, lo que trajimos a este cuerpo que nos alberga, soy tu principio sin final, tu eternidad, tu tiempo y espacio, tu soy, tu somos, tu realidad... así que, despierta corazón, despierta, que ya es hora de ver, de oír y de soñar y de ser todo de una forma completa...

Arael Elama

miércoles, 15 de febrero de 2017

DESDE MI ALMA

No, no me alejo cuando digo que me inundo de mi esencia, mezclándome con el aroma de jazmín que siempre me acompaña. No me voy de ti, ni de mi, ni de la vida, sólo me adentro en la profundidad de la calma que reluce feliz en mi alma, pues soy la viajera que bucea en lo más hondo de su dicha, de su amor eterno, de su perfume verdadero, el que da nombre a su música más hermosa y sabia.

No me pierdo en mensajes fútiles y manchados con la mendacidad de una mente triste y contaminada, no me embriago con el alcohol de la desesperanza, mientras te pienso destructivamente, muriendo de dolor porque no te encuentro, o no te tengo ahora abrazado a mí ,como siempre soñaba,
No lamento que seas ajeno a mi presencia mundana, no despliego mis alas para sufrirte, sino para elevarme por encima de las mentiras que se inventa una consciencia limitada, salto al vacío porque sé que soy infinita y que puedo liberarme de las cadenas que antes me atormentaban.



Y mientras vuelo, surcando el cielo perpetuo que nace desde mi centro, desde mi corazón, desde mi existencia perenne, que me envuelve y me sostiene, que me ama y que me enseña que soy pura, se despereza una bella melodía sonriente y vestida de dulzura, que se arremolina entre los átomos de vida que sustentan a esta mujer que se descubre cada día, más completa, más verdadera, más colmada del inagotable bálsamo de su propia energía inmensa.

Así que no, no me alejo, sólo me acerco a ti, a todo, a través de mi universo, de mi camino interno, para explotar en amor desde mí, desde mi centro, y lloverme en emanaciones en forma de gotas diamantinas creadas con el verbo amar, pero no ése que se termina o se confunde, no ése que bautizamos desde nuestra pequeña mente y que nos aturde, no ése que no se sabe dar sin que se creen condiciones, sino el que vino con cada uno de nosotros antes de convertirnos en espectros vagos de lo que realmente somos, ése que parte desde nuestra esencia divina y que se enterró entre recuerdos y frases inventadas.

No, no me alejo, me soy, me siento y me entrego a la vida para ser siempre mi yo más certero, en ti, en mí, en todo lo que existe, en todo lo que somos cuando el amor es nuestra base y nuestra consciencia en este mundo alocado y ruidoso, en este mundo incompleto.

Arael Elama

miércoles, 4 de enero de 2017

EL REGRESO

Hoy no he llorado en la playa, no he pisado las olas pensando que no podría perdonarte, hoy no he lastimado a mi alma con mis pensamientos errantes, hoy sólo he salido de mi jaula de mentiras, de mi añoranza exultante y extravagante que siempre te nombra y te renombra.

Hoy he vestido mis penas de luto, porque ya no tienen lágrimas para venderme, no poseen poder sobre mi cuerpo, sobre mi mente, ya no pueden seducirme, y han perecido en su llanto, mientras yo he renacido para encontrarme, para volver a esculpirme desde las cenizas que sobraron después del fuego del quebranto de mi engaño.

Hoy te he visto, te he mirado, y no había velos que me cubrieran, ni filtros que te retuvieran, no había dolor, no había daño, sólo sentía que mi pecho se abría para alzar desde mi templo una rosa que te esperaba, que te soñaba, una rosa cuyos pétalos te besaban en tus días ajeno a mi presencia cercana.



Bastó sólo que muriera la ostentación de mi sombra, la exquisita fantasía de mi ignorancia, para que llegaras al puerto de mi alcoba, para que te hicieras tangible y rompieras mi esperanza, pues ella había dado ya el fruto de lo imposible al traerte conmigo a través de los tiempos, desde el remoto espacio que antes nos separaba de lo eterno.

Cuando entendí que ya eras, pues te alojabas en la quimera de mis recuerdos y de mis sueños, todas las dudas se desvanecieron, y el mar, lleno de dicha, me regaló tu regreso.

Hoy no he llorado por miedo, he cantado a la luna, he danzado con el alba, he reído bajo el sol de este mes de enero, hoy he salido de mi jaula de tristezas, de mi desconsuelo, pues la llave de la libertad reside sólo entre las estrellas que en mis ojos se erigen, justo con tu llegada para poder recibirte.

Y hoy es ayer, amor mío, ese hoy pasó veloz hace ya un tiempo, y en este preciso momento, celebro contigo aquel suceso, y brindo por tu sonrisa, tus palabras, el reencuentro, el amor, lo inesperado de nuestra unión en el jardín de los luceros que creamos al reconocernos cuando viniste a mí al atardecer de nuestros cuerpos.

Arael Elama.




jueves, 31 de marzo de 2016

EL COMIENZO


Desnudos, sangrantes, mis pies llegan al final del camino. Mis lágrimas han alcanzado ya su anhelado destino, mis manos ya no sostienen el peso que tanto dolor había infligido en mi alma, en mi corazón y en mi espíritu que por fin hoy ha renacido.
Y en el agua, mis heridas se detienen y se elevan, cicatrizan y me liberan, me entrego a la dicha y mis hombros ya no sujetan el mundo que tanto miedo me producía...

¿-Quién eres?- pregunto mientras observo mi reflejo en el río cristalino que atravieso decidida, dispuesta a dejar atrás lo que ya he vivido, para olvidarme del pesar del que tanto he aprendido.

Mi rostro ya no es el que siempre me mostró mi identidad pasajera, ni mis arrugas por el tiempo transcurrido son ya la marca de mis verdades, de mis esperas, de mi presencia divina, ya no hay motivo por el que pueda despreciarme, ya no busco que la consciencia me invada y despierte a mi alma adormecida, ahora ya no estoy cautiva...



Mas siento que hay en mí un cierto miedo de Ser, pues aprendí a no serlo, a quedarme sumida en la mentira de mi ego, que me otorgaba la calidez de un hogar falso que me callaba y me cobijaba en los inviernos...

Hacerme cargo de mí misma, en la libertad de mi verdad más intensa, aquella que me hace ser lo que yo soy, es un enorme desafío al que me enfrento ahora que ya he cruzado esta frontera, este torrente de dudas que me ha conducido hacia otro ciclo, hacia otro lugar que desconozco, hacia otro sitio en el que nada fue creado, pues he de creer y crear, siendo el pincel y la pintura que dibujan un nuevo horizonte colmado de brillos, de suspiros de aire vívido y tranquilo, de belleza límpida, exquisita, donde se alza con amor una nueva humanidad inherente a la vida, a la nueva tierra soñada y renacida...

Soy sólo un eslavón, una gota que ayuda a que se forme el océano de la conciencia diamantina, que ha brotado desde la ardiente llama que abrasó mi mente, mi inconsciencia, mi debilidad, mis creencias más queridas, para pulir cada fragmento de mi alma que se había rendido a la mendacidad más admitida, mas soy, siento, y mi latido es el impulso de este cambio, este comienzo anunciado y permitido, tras el final de un tormento consentido, que ahora ya no es, no existe, porque por fin, el ayer ha sucumbido...

Y se suman más existencias, más corazones encendidos, más presencias que se enamoran del amor, de los talentos, de la capacidad de ser a través de la materia, de los cuerpos de seres humanos comprometidos consigo mismos...

Arael Elämä...

martes, 1 de marzo de 2016

FANTASMAS



Emprendiendo el camino, el sendero hacia una verdad sostenida en la música de un corazón encendido, se desprenden osados los insultos del pasado, las dispersas evidencias de que los obstáculos renacen de entre sus propias cenizas, y entonces el alma se subleva, y así agarra con suma fuerza su poder por la empuñadura de su sabiduría cierta, para deshacer con calma los hilos de la enredada mente que se interpone entre el yo y la felicidad anhelada y perseguida...

Y un sollozo lejano se diluye entre mis manos etéreas cuando trato de consolarlo para así vencer el llanto, para dejar de estremecerme cuando intento levantarme de la caída de los sueños que durante tanto tiempo me han guiado.

El valor de las cosas que en la realidad han ido sucediendo, ha resultado ser tan sólo una mentira, una idea preconcebida, implantada para que mi verdad fuera fustigada al emerger para liberarme de la esclavitud de una vida mal enfocada, de una visión terca, e inhibida.

El soñador que había en mí desenfundó su espada para luchar embravecidamente contra los fantasmas que ya se despertaban.
Y en cada paso que fue dando, fue enfrentándose a ellos, uno a uno, mas de nada servía matarlos, porque nunca ganaba la batalla.

Descubrí así que no debía asesinar lo que temía, ni huir de ello, ni darme nunca por vencida, pues cuanto más fuerte era el enojo y la incomprensión de lo que me acontecia, más me daba cuenta de que nada era real en aquella contienda sin salida.

Y entendí que los fantasmas a los que me enfrentaba o sometía, son miedos y penurias que inventa la mente cuando buscas alcanzar lo más sublime, y que emergen de los confines de lo más oculto de tu oscuridad más temible, que por mucho que los aniquiles, en tal acto nada te exime de tu responsabilidad de comprender para qué aparecen y qué te exigen, para qué te persiguen cuando te encuentras ante tu verdadera esencia, y te reconoces entre todos los personajes que has sido y que todavía, en ocasiones, eres, y que se desperezan y te asedian para que regreses a la norma, a cumplir con las reglas, para ser de nuevo vencido por el sistema, por la matriz de ilusiones que te somete y que te enerva, que sutilmente te emborracha para así convencerte de lo que está bien, de lo que está mal, hundiéndote en el pantano de la dualidad, en la separación, en la competición, en la guerra...



Y los fantasmas te conducen a tu propio mundo dual en tu interior, proyectado en lo que ves fuera de ti, identificando al otro como parte de ese combate y tratando de cambiarlo, de convencerlo, de demostrale que tienes la razón, que tú eres el sabio, mas de nuevo estás enredado en la trampa del control, de un ego que demuestra gobernar tu mente, tu cuerpo, anulando de nuevo a tu alma, que sólo sabe una cosa, que existe, que es, que no hay nada dual, que todo es un engaño, un laberinto en el que se pierde siempre el ser humano.

No hay que ganar, ni perder, no se trata de vencer nada, ni de sanar, ni de cambiar, se trata de permitir que lo que es sea, y que los fantasmas hagan su función sin que nuestro andar se detenga, y que nuestro dolor se funda con nuestra verdad para que éste no duela, y que nuestra alma se expanda como fragancia a través de nuestra mirada, nuestra voz, nuestra naturaleza...

Y si otros intentan que seas de otra manera, debes recordar que sólo se observan a través de tus pasos, y que sus fantasmas y los tuyos se intercambian la tentaviva de frenarte para que dudes de tus convicciones internas...

Sé siempre lo que tú eres, no temas, no dudes, no escuches aquello que parte del miedo de quien a su alma no se entrega...

Emprendiendo el camino, el sendero hacia una verdad sostenida en la música de un corazón encendido, he tropezado con muchas piedras, he limpiado un sinfín de heridas, he dejado atrás a personas a las que amaba porque debía atravesar una puerta que ellas no escogerían, he sufrido mi propio juicio, y el de quiénes no me comprendían, mas no me arrepiento de mi ruta, ni de mis elecciones vividas, pues a pesar de ser todo una ilusión para así poder encontrar esa verdad en mi alma prendida, me conducen hacia mi lugar sagrado, mi consagrada y amada Alma, mi Ser, mi unión divina conmigo misma.

Arael Elämä Araham...


lunes, 25 de mayo de 2015

ESCUCHA LA VOZ...


Perdida, sedienta del abrazo cálido que me habías prometido tantas veces, caminaba por el desierto de la vida que no había decidido vivir, el camino que no había tomado yo por propia voluntad, inmersa en un bosque de desconciertos, de desaciertos, lejos de quien debía ser, aislada de mi propia esencia, apagada dentro de mí misma.

El cielo mostraba siempre las mismas y eternas estrellas, con el mismo mensaje, “mírame”, algo que no entendía, ¿qué debería mirar y por o para qué? Mi alma lloraba a cada insulso paso, por cada respiración sin sentido, por cada pregunta que no sabía responderme.

Y entonces caí en un hueco profundo de la tierra, oscuro, envuelto en un aterrador silencio, en una soledad que me asustaba y que me enloquecía, gritando tu nombre para que me rescataras, para que me salvaras de mí misma, de mi propio infierno.

Mi grito se ocultaba entre mis lágrimas, mi voz se palidecía, mi llanto me ahogaba hasta no permitirme tomar aire, en el sollozo de un alma condenada.

Me ofuscaba entre las tinieblas de mis más terribles temores, buscando la manera de alcanzarte, de tomar tu mano y salir de aquel lugar que me mantenía atrapada.

Pero un día entendí que debía ser valiente, fuerte, y construí una escalera con cada pedazo de mi alma que se había ido desgarrando de mi pecho. Lo que me hizo daño me convirtió en una guerrera, una luchadora que tendría que salir hacia delante sola, enfrentándose a cada fantasma, a cada sombra y olvidar que tú podías estar cerca.

Así fue cómo murió aquella mujer asustadiza, enterrada entre sus dudas, dejando atrás la debilidad, el miedo, la idea absurda de que alguien debía ayudarme, alguien debía sostenerme, alguien debía ver cuánto valor había en mí, pues la única persona que debía amarse y valorarse era yo misma.

Poco a poco, fui curando mis heridas, y mi alma se fue recomponiendo, y entonces, apareciste tú, como un espíritu errante, encerrado en tu propio bosque de dudas, y pasé de ser la anhelante mujer que deseaba ser rescatada a ser la anhelante mujer que deseaba rescatarte desesperadamente.
Arduos aprendizajes que nos pone la vida, o tal vez los creamos nosotros mismos para superarnos.

Cometí dos errores, uno, amarte y desearte a ti por encima de mí misma, otro quererte liberar, cuando ya había descubierto que sólo uno mismo puede hacer tal cosa.



Así que mi alma, cuyo amor hacia ti era tan grande como la fuerza que había ganado en mi búsqueda interior, te envió un susurro como llave para tu liberación, mientras yo continuaba mi paso hacia mis sueños, que ya lograba atisbar como una realidad que se asomaba frente a mí y me hacía sonreír.

No quise renunciar a mi propia sonrisa, a mi felicidad, pero miraba hacia atrás para verte, para seguir susurrándote desde mi ser donde estaba la salida de tu cárcel, porque, a pesar de todo, aunque yo estaba ya entrando en otros mundos de amor y de luz, si tú no lograbas escapar de aquello, algo de mí se quedaría contigo... Mi voz...

Mi voz, que siempre te acompañaría, siempre, para guiarte, para cuidarte, para que un día, pudieras devolvérmela mientras yo te entregaba la mirada que tú me regalaste aquel día en nuestra despedida, en otros mundos creados a través del sueño, ilusión que quedó grabada en mis pupilas...

Arael Elämä

domingo, 20 de julio de 2014

DIOSA VIDA

Vuelan mis párpados antaño caídos, desmayados en el profundo miedo de estar vivos, ocultando a mis ojos la belleza de lo acontecido, el fulgor del brillo de las estrellas que se posan en mis pupilas a pesar de no haber podido ser testigo...
Y ahora que alzan sus alas y me abrazan al acertado sino, a la sublime realidad que no osaba contemplar cuando no la creía, cuando no la consideraba, cuando sólo conseguía nadar en dolor y en apego hacia lo que los demás consagraban, ahora, me baño en pétalos de luz sagrada, presencio milagros en cada gesto, en cada beso, en cada orilla de mi playa...

He conocido a la vida...

Se me ha clavado en la mirada, envuelta en las lágrimas de mi emoción extraviada, vencida por los temores de los dogmas de una sociedad apagada, desarmada de su propia fuerza individual, del amor, y en consecuencia, de la sabiduría de la colectividad armonizada...



He llenado mi copa de vida, del brebaje del universo, del hechizo incandescente del poder que sólo una diosa albergaría en lo más insondable de su alma, ritual de estrofas y versos surcando cada pluma de mis nuevas y radiantes alas, colmando mi corazón del amor más puro, límpido y hermoso que jamás haya sentido, amor a la vida, que me ha embrujado, que me ha enamorado abriendo mis ojos para poder ver cómo se dibuja un rezo, una historia, un comienzo, una fe vestida de velos que me muestran mis complejos, pues así los destierro, los venero como maestros certeros al enseñarme lo que sí tengo y descubrir que de nada carezco...

Y he comprendido que siempre estoy en lo cierto, crea blanco, crea negro, crea que todo es un desatino, un desafortunado esperpento, crea que todo es una increíble experiencia que se escribe a cada paso como un cuento...

La vida se asienta en uno mismo cuando la miras desde dentro...y te das cuenta entonces de que lo externo es un invento, hologramas de la mente que ha plasmado un mundo basándose en un patrón de miedos viejos, dudas de lo que somos y necesidad de seguir a un líder maestro que nos permita vivir en el silencio, acomodados pero sumidos en el caos que se cierne en nombre de lo que teóricamente es nuestro, suplicando el cambio cuando la metamorfosis está en tu pecho, tu esencia está marcando un ritmo, como un reloj que te va requiriendo, te pide que despiertes a tu mundo, para advertir por fin que la vida no es eso, que todo es falso, denso, y así liberarte de la mentira para ser de nuevo el cielo, el mar, el cosmos, el viento...

La vida es libertad, no es infierno, la vida es dulzura, no es tormento, la vida es respirar y ser, por ser y por existir, sin deberle a nadie nada por haber nacido, sin tener que pagarle a nadie por venir a este mundo tan retorcido...

Así que soy libre, vida en vida que se eleva y se divierte, que sonríe y que se siente, que se llena de más vida en cada elemento, sol, tierra, luna, aire, fuego de almas, de horizontes que florecen en cada amanecer sereno, siendo la vida misma encarnada en este pequeño y humilde cuerpo...

Arael Líntley