Bienvenidos a mi punto de encuentro conmigo misma, donde dejo volar la imaginación, donde las palabras se reescriben desde lo más profundo de mi Yo, donde mi Ser se expresa con el idioma universal del amor, donde mi mente se desmaya entre versos y frases del corazón... Bienvenidos a mi mundo, al mundo mágico del alma..
Y entre la brisa del mar y las olas de tu mirada, se desmayó mi sonrisa entre tus brazos y la marea de tu amor inundó toda mi alma...
Y me bañé dichosa en tus suspiros de agua cristalina, me posé en la calma de tu mar azul de gotas divinas, me dormí en tus latidos de arena y sal mientras se enamoraban tu vida y mi vida.
Y naufragué en tus pupilas...
Hay olas en esos ojos que me bautizan con cada mirada, hay océanos, lluvia y viento, navíos de pasión que se adentran en mi esperanza y la despiertan.
Hay oleaje marino, veranos de aventura, inviernos de locura, otoños de nostalgia, primaveras de flores de cristal que nacen desde tu boca hacia la mía.
Hay versos de burbujas en tus palabras, ciudades de fantasía en tus historias jamás contadas, dibujos de sirenas que me cantan desde tu corazón en forma de poesía, veleros que me transportan hacia tu mundo interior, profundo, cubierto de mis besos, envuelto de mi alma, de mi cuerpo, de mis sonrisas.
Y entre la brisa del mar y las olas de tu mirada, se me cayó la última lágrima, porque tú me colmaste de alegría.
Y me desnudé de apariencias para vestirme de amor diamantino, me quedé en tu regazo para escuchar tu respiración en ese ritmo de música celestial, canto de espíritus libres que se aman navegando por el destino...
Hay
una fuerza sublime que me empuja hacia tu presencia, una atracción
invisible, un perfume, una esencia que nos une, un anhelo que se
esconde en mis suspiros, que me entrelaza a toda tu alma, a tu
energía poderosa, a tu existencia completa que percibo como hermosa.
Una
fuerza que sutil, llena de magia y milagro, nos enlaza con un millón
de hilos, con un sinfín de lazos, hebras de amor eterno, de luz
infinita que nos define y nos identifica, y que a pesar de las
distancias, sencillamente nos unifica.
No
sé dónde te hallas, tal vez allí, en las estrellas, mas sé que
cuando las admiro, cuando las beso a mi manera, entre lágrimas de
amor que se me desmayan cuando el amor se me revela, sé que tú, mi
amado estelar, compañero de vidas lejanas, también me entregas ese
amor que es nuestro, que nos abraza para cubrirnos de caricias, de
poemas.
No
sé si son ciertas las historias que cuentan sobre plasmar este amor
ambos juntos en este extraño planeta, no sé si tú seguiste mis
pasos cuando entré en el mundo humano que ahora me guía y me
sustenta, sólo sé que lo que vibra en mí es real y cierto, y que
tú existes más allá de mis miedos, más allá de mis pensamientos.
Hay
una fuerza increíble que me conduce hacia tu presencia, una fuerza
gravitatoria que me hace viajar en una órbita cercana a tu
fragancia, una marca que nos une, un deseo que se irradia en cada
verso que me nace, que se me escapa hacia tus ojos, hacia tus
pestañas, para que me sueñes, para que puedas sentir si estás en
este espacio, que estoy presente en todas tus noches y tus mañanas.
Dormiré
en cada punta de cada universo, y sabré que estás siempre conmigo,
en cada gesto, en cada grieta que se abra en mi camino, en cada
herida sanada sé que habré estado sanándola contigo, en cada forma
de vida que experimente, sé que tú, de alguna forma, serás parte
de mi cuerpo, de mi alma y de mi destino, porque la fuerza que nos
une es la que nos ha dado el nacimiento que se inició en algún
lugar del final y del principio de lo desconocido, y desde ese
momento, tú fuiste yo, y yo fui tú contigo.
Nunca
estamos demasiado lejos, porque donde tú estás, yo estoy, porque te
siento, porque puedo recorrer mil universos, visitar un millón de
estrellas, o un infinito de realidades, y siempre te llevo conmigo.
Nunca
estamos demasiado lejos, porque no existe la distancia entre
nosotros, ni siquiera cuando hay olvido, o cuando nos enlazamos en
los cuentos y en los experimentos de vidas que no nos corresponden.
Nunca
estamos demasiado lejos, ni siquiera cuando creamos que nos odiamos,
a causa de los enredos que se nos cuelan por las mentiras de nuestras
mentes.
Nunca
estamos demasiado lejos, aunque creas que no me amas, o yo me
embarque en una aventura sin recordarte.
Nunca
estamos demasiado lejos, porque siempre, en algún lugar, tú y yo
estamos viviendo nuestra historia infinitamente.
Y
a veces seré tu reina, o tú serás mi caballero andante, a veces
serás un humilde campesino y yo una niña que te sonríe mientras
abrazas a tu esposa, o a veces seré tu amante, o tú serás un niño
que me mira con ojos deslumbrantes mientras yo respiro mis últimos
días de una vida que ya se termina...
Serás
tal vez un navegante de mares y yo una sirena que se esconde y te
observa al reconocer a tu alma mientras tú surcas océanos lleno de
soberbia y ausente de mi presencia expectante...
A
veces serás un anciano y yo tu esposa agonizante, a veces seré un
amante y tú una mujer que, errante, me está buscando al recordarme,
y otras seré tu musa, tu novia, tu amiga, tu confidente, incluso
podría ser tan sólo una admiradora que jamás te alcance... Pero
siempre somos tú y yo, juntos en alma, juntos en energía, juntos en
amor, juntos en presente, pasado y futuro, juntos en todas las
dimensiones...
Y
es que los dos somos lo mismo, el mismo sol, la misma fuente, el
mismo corazón latiendo en muchas vidas diferentes...
Despierta
corazón, abre tus ojos invisibles y danza, sonríe que me encanta,
me encanta cuando tu risa despierta a los ángeles que siempre te
acompañan. Despierta corazón, observa las flores que brillan para
mostrarte la confianza, la certeza de que esta vida es amable y no
amarga, que tu perfume es hoy la alegría y ya no es la tristeza, ni
la añoranza, porque todo es perfecto en cada paso que tu alma
alcanza.
Despierta
corazón, que está saliendo el sol y se te escapan sus primeros
rayos, sí, esos que te abrazan, esos que te visten de ti mismo, esos
que te descalzan, para que andes libre de las cadenas que ahora ya no
te atrapan.
Despierta
corazón, mírame, yo te acompaño, tú me acompañas, no temas, no
hay dolor que no puedas trascender con tu magnífica fuerza, no hay
herida que no sane si ese amor que en tu alma se muestra la besa, sí,
la besa, pues de amor se nutre la vida, y de vida se nutre este amor
que le profesas.
Despierta
corazón, despierta, que yo te amo, sin condiciones, sin mentiras,
sin trampas, te amo porque eres, porque todo en ti es bello y nada
está mal, si tú te aceptas, yo soy tu mayor sorpresa, tu nueva
forma de pensar, tu nueva senda, soy tu camino y el caminante que lo
crea, soy tus deseos, y el que desea, soy tu sabiduría interior, tu
alma, tu gran amor, tu compañera.
Despierta,
corazón, que te espera un mundo entero de belleza, salta a tu nuevo
horizonte sin temor, que yo te cuido, te guío y te doy la entereza
que necesitas para tu vuelo, para que agites tus alas sin vergüenza,
para que sepas que todo lo que existir aquí conlleva, se traduce en
una sola palabra que todo lo contempla, amar, amar porque eso es lo
que nos hace ser libres de la oscura noche que siempre nos acecha.
Ya
no, amor, ya no, ahora la oscuridad no es una maquinación perversa,
es sólo aquello oculto que aún no has descubierto y que a veces se
te presenta, con el nombre de una emoción que te asalta y que te
ahuyenta, que te pierde y te preocupa, mas no temas, mi amor, no, no
temas, la emoción es como un niño asustado que te pide que le
comprendas, no caigas en la culpa, ni en la rabia, ni en el miedo, ni
te enojes contigo mismo por permitir que te muestre lo que todavía
no pudiste liberar, porque sólo son pequeñas pruebas que te
impulsarán a crecer más, a ser más yo, más tú, más quien eres y
somos de verdad.
Despierta
amor, despierta, soy tu ser, y hace tiempo que te espero porque sé
que juntos vamos a conseguir amarnos y entregar amor a otros. Y estoy
aquí, suceda ello o no suceda, porque es mi naturaleza, mi energía,
porque soy lo que nos da nombre, lo que trajimos a este cuerpo que
nos alberga, soy tu principio sin final, tu eternidad, tu tiempo y
espacio, tu soy, tu somos, tu realidad... así que, despierta
corazón, despierta, que ya es hora de ver, de oír y de soñar y de
ser todo de una forma completa...
No,
no me alejo cuando digo que me inundo de mi esencia, mezclándome
con el aroma de jazmín que siempre me acompaña. No me voy de ti, ni
de mi, ni de la vida, sólo me adentro en la profundidad de la calma
que reluce feliz en mi alma, pues soy la viajera que bucea en lo más
hondo de su dicha, de su amor eterno, de su perfume verdadero, el que
da nombre a su música más hermosa y sabia.
No
me pierdo en mensajes fútiles y manchados con la mendacidad de una
mente triste y contaminada, no me embriago con el alcohol de la
desesperanza, mientras te pienso destructivamente, muriendo de dolor
porque no te encuentro, o no te tengo ahora abrazado a mí ,como
siempre soñaba,
No
lamento que seas ajeno a mi presencia mundana, no despliego mis alas
para sufrirte, sino para elevarme por encima de las mentiras que se
inventa una consciencia limitada, salto al vacío porque sé que soy
infinita y que puedo liberarme de las cadenas que antes me
atormentaban.
Y
mientras vuelo, surcando el cielo perpetuo que nace desde mi centro,
desde mi corazón, desde mi existencia perenne, que me envuelve y me
sostiene, que me ama y que me enseña que soy pura, se despereza una
bella melodía sonriente y vestida de dulzura, que se arremolina
entre los átomos de vida que sustentan a esta mujer que se descubre
cada día, más completa, más verdadera, más colmada del inagotable
bálsamo de su propia energía inmensa.
Así
que no, no me alejo, sólo me acerco a ti, a todo, a través de mi
universo, de mi camino interno, para explotar en amor desde mí,
desde mi centro, y lloverme en emanaciones en forma de gotas
diamantinas creadas con el verbo amar, pero no ése que se termina o
se confunde, no ése que bautizamos desde nuestra pequeña mente y
que nos aturde, no ése que no se sabe dar sin que se creen
condiciones, sino el que vino con cada uno de nosotros antes de
convertirnos en espectros vagos de lo que realmente somos, ése que
parte desde nuestra esencia divina y que se enterró entre recuerdos
y frases inventadas.
No,
no me alejo, me soy, me siento y me entrego a la vida para ser
siempre mi yo más certero, en ti, en mí, en todo lo que existe, en
todo lo que somos cuando el amor es nuestra base y nuestra
consciencia en este mundo alocado y ruidoso, en este mundo
incompleto.
Hoy
no he llorado en la playa, no he pisado las olas pensando que no
podría perdonarte, hoy no he lastimado a mi alma con mis
pensamientos errantes, hoy sólo he salido de mi jaula de mentiras,
de mi añoranza exultante y extravagante que siempre te nombra y te
renombra.
Hoy
he vestido mis penas de luto, porque ya no tienen lágrimas para
venderme, no poseen poder sobre mi cuerpo, sobre mi mente, ya no
pueden seducirme, y han perecido en su llanto, mientras yo he
renacido para encontrarme, para volver a esculpirme desde las cenizas
que sobraron después del fuego del quebranto de mi engaño.
Hoy
te he visto, te he mirado, y no había velos que me cubrieran, ni
filtros que te retuvieran, no había dolor, no había daño, sólo
sentía que mi pecho se abría para alzar desde mi templo una rosa que
te esperaba, que te soñaba, una rosa cuyos pétalos te besaban en
tus días ajeno a mi presencia cercana.
Bastó
sólo que muriera la ostentación de mi sombra, la exquisita fantasía
de mi ignorancia, para que llegaras al puerto de mi alcoba, para que
te hicieras tangible y rompieras mi esperanza, pues ella había dado
ya el fruto de lo imposible al traerte conmigo a través de los
tiempos, desde el remoto espacio que antes nos separaba de lo eterno.
Cuando
entendí que ya eras, pues te alojabas en la quimera de mis recuerdos
y de mis sueños, todas las dudas se desvanecieron, y el mar, lleno
de dicha, me regaló tu regreso.
Hoy
no he llorado por miedo, he cantado a la luna, he danzado con el
alba, he reído bajo el sol de este mes de enero, hoy he salido de mi
jaula de tristezas, de mi desconsuelo, pues la llave de la libertad
reside sólo entre las estrellas que en mis ojos se erigen, justo con tu llegada para poder recibirte.
Y
hoy es ayer, amor mío, ese hoy pasó veloz hace ya un tiempo, y en
este preciso momento, celebro contigo aquel suceso, y brindo por tu sonrisa, tus
palabras, el reencuentro, el amor, lo inesperado de nuestra unión en
el jardín de los luceros que creamos al reconocernos cuando viniste a mí al atardecer de nuestros cuerpos.
Abrió los ojos para ver
el mundo que rozaba los jazmines germinados en sus manos, y su cielo,
aquel que parecía ser sombrío y escueto, se tornó violeta, azul,
eterno...
Sus pálidos párpados
adormecidos todavía por las sombras danzarinas de los velos
esquivos, que le sujetaban para no volar, para no caer en la magia
oculta de su camino, se iluminaron como focos, como estrellas, como
soles de verano vestidos de primavera...
Gotas de lluvia
diamantina se posaron en su alma, para agasajarla con el regalo de la
vida, aquella que había dejado olvidada, y ésta, entre cánticos y
danzas, se desvistió del letargo y se colgó de su pecho, como una
llama de versos de amor relucientes, ardiendo fuerte y perenne...
Mas
cuántas emociones que emergieron de su inconsciente, cuantas sombras
y cuantas luces que se perdieron durante tiempos inmemorables,
cuántas creencias, cuántos patrones, cuántas mentiras creadas para
vivir en un sueño de permanencia oculta, imborrable, un vivir tapado
por un filtro de condiciones que envolvían y limitaban a su verdad
subyacente...
Nació en sí mismo su
propia vida, y el amor brotó como fuente divina, como fuego líquido
y dorado, como dicha esparcida por todo su cuerpo enamorado,
deslizándose por dentro, y floreciendo en cada rincón de su
existencia mundana, para transformarlo, para iluminarlo, para
convertirlo en un ser humano de luz totalmente sagrado, dotado del
amor real, el amor puro siempre tan anhelado.
Bebe de tu amor,
compañero, amigo, hermano, bebe del néctar de tu fulgor nacido del
universo y en tu corazón amalgamado, bebe para sanarte si es que hay
algo que deba ser sanado, bebe por el placer de ser, de amar, bebe
porque probarás de ti lo que siempre afuera habías buscado, bebe y
ofrece, da, entrega tu amor para que otros lo prueben, bebe, pero no
olvides que tú eres la fuente, que lo que das es lo que eres y que
el milagro de ser, siempre de lo que emanas y regalas de forma
exponencial se te devuelve...